Nunca se nos ha presentado como en estos días
La figura simbólica de la guerra
Con su rostro fiero, airado y torvo
La encendida tea en la siniestra y las ruinas
y devastación a su alrededor esparcidas
(Escorihuela, Brea y Vanrell 1995Escorihuela, M., Brea, A. y Vanrell, J.1995: Portugalete y la II Guerra Carlista. Fundación El Abra, Portugalete.: 102)
1. INTRODUCCIÓN
⌅Podemos definir un asedio como la operación militar mediante la cual un ejército trata de expugnar una fortaleza o población en manos del enemigo, que se defiende desde el interior de la misma. Al igual que las batallas en campo abierto, o los frentes de guerra estáticos, estas operaciones cuentan con sus propias características internas y dinámicas de combate. Además, existe una característica que diferencia este tipo de acciones del resto: la participación, activa o pasiva, de la población civil en un número elevado. En este sentido, y al menos hasta la generalización del bombardeo aéreo, los asedios eran las operaciones militares donde la población civil experimentaba más fuertemente los efectos de la guerra. En no pocas ocasiones los propios civiles se convirtieron en el objetivo principal del ejército atacante, cuya motivación era minar la moral de los defensores. En otros casos, tomaron las armas para defender su hogar, militarizándose. Finalmente, en la minoría de los casos, se permitió su evacuación y se respetaron sus vidas (Dowdall y Horne 2018Dowdall, A. y Horne, J.2018: Civilians Under Siege from Sarajevo to Troy. Palgrave Macmillan, London.: 1-9). Este rasgo definitorio tiene consecuencias dramáticas que incluso perduran en la actualidad, solo hace falta recordar las devastadoras imágenes que se contemplaron sobre el asedio ruso a la ciudad ucraniana de Mariupol entre febrero y mayo de 2022 o el castigo indiscriminado de las fuerzas armadas israelíes sobre la población civil de Gaza y el Líbano.
Las operaciones bélicas concentran una actividad emocional tan intensa que en muchas ocasiones trascienden el evento histórico en sí. Más allá de sus consecuencias militares en el desarrollo de la guerra en cuestión, los sitios suelen convertirse en potentes elementos de memoria colectiva. Con frecuencia, el dramático final o heroica resistencia de la ciudad asediada es convertida en mito o trauma colectivo por la población (Dowdall y Horne 2018Dowdall, A. y Horne, J.2018: Civilians Under Siege from Sarajevo to Troy. Palgrave Macmillan, London.: 13). Las referencias identitarias y conmemoraciones públicas son comunes y existen una variedad infinita de casos desde la más remota antigüedad hasta la actualidad. Asedios como los de Numancia, Alesia o Constantinopla forman parte de la mitología nacional de sus respectivas comunidades. En nuestro entorno más cercano, el día nacional de Cataluña recuerda la caída de la ciudad en manos borbónicas el 11 de septiembre de 1714, y la ciudad de Donostia aún conmemora el asedio de Wellington de 1813 contra la guarnición francesa.
El siglo XIX es una época particularmente interesante en este aspecto por la evolución en las armas y técnicas de sitio. El desarrollo de la artillería, la ingeniería militar y la marina de guerra, supuso un mayor poder destructivo de manera directa, pero también posibilidades reales de bloquear, no solo la población en cuestión, sino todo su hinterland (Dowdall y Horne 2018Dowdall, A. y Horne, J.2018: Civilians Under Siege from Sarajevo to Troy. Palgrave Macmillan, London.: 6). Estos avances tuvieron un contra efecto en la poliorcética de la época. Las defensas se multiplicaron en número y tamaño, creando complejos campos atrincherados surcados de fuertes, reductos y baterías. El mayor alcance, potencia, precisión y capacidad de destrucción de la artillería implicó que los sistemas defensivos se construyeran cada vez más distantes de los núcleos urbanos, creando nuevos paisajes del conflicto que pretendían alejar la guerra de la ciudad (Figues 2012Figues, O.2012: Crimea. La primera gran guerra. Edhasa, Barcelona.). A lo largo del siglo XIX, este tipo de operaciones fueron abundantes y de importancia capital en la multitud de conflictos desatados en la época. Podemos citar casos de las guerras napoleónicas (1803-1815) como Zaragoza en 1808 y 1809 (Aquillué 2021Aquillué, D.2021: Guerra y cuchillo. Los sitios de Zaragoza 1808-1809. Esfera de los Libros, Madrid.), de la guerra de Secesión (1861-1865) como el de Vicksburg en 1863 o en el ámbito colonial los de Delhi (1857) o Khartum (1881-1882).
Durante las guerras carlistas tuvieron lugar varias acciones de este tipo. Algunos ejemplos son Portugalete, Bilbao, Laguardia, Irún o Tolosa (Albi de la Cuesta 2017Albi de la Cuesta, J.2017: El Ejército Carlista del Norte (1833-1839). Desperta Ferro Ediciones, Madrid.). La historiografía ha tratado estos temas ampliamente, en buena parte por la carga simbólica que contienen. Bilbao es un ejemplo paradigmático en este aspecto (Urquijo y Goitia 1988Urquijo y Goitia, J.1988: “Los sitios de Bilbao”, Cuadernos de Sección. Historia-Geografía, 10, pp. 10-35. y 1994Urquijo y Goitia, J.1994: “Los sitios de Bilbao” en M.Alberdi (ed.), Seis años en Bizkaia, pp. 91-165. Estudios históricos, Bilbao.; Ruiz de Azúa 1993Ruiz de Azúa, E.1993: “Carlistas y liberales en el sitio de Bilbao (1874). Daños en la propiedad inmueble”, en A.Bullón de Mendoza (ed.), Las Guerras Carlistas, pp. 249-257. Actas, Madrid.; Martín 2024Martín, G.2024: Bilbao 1874. El asedio carlista a la Invicta Villa. La Esfera de los Libros, Madrid.). No obstante, una consecuencia apenas percibida hasta el momento es el gran impacto que la guerra supuso en los cascos antiguos de las villas vascas y su urbanismo. Los bombardeos conllevaron la destrucción de parte de estas poblaciones, a lo que siguió un proceso de reconstrucción posterior. Así mismo, los proyectiles de artillería y fusilería dejaron marcas en las fachadas de algunos edificios. En síntesis, estas acciones militares implicaron la generación de una serie de contextos materiales que forman parte de dicho proceso histórico y que, a través de su estudio arqueológico, ofrecen una lectura más amplia y profunda del mismo.
La arqueología de los asedios no cuenta con la misma popularidad dentro de la arqueología del conflicto como los campos de batalla o campos de prisioneros. No obstante, existen varios estudios de este tipo que deben ser tenidos en cuenta. El Reino Unido destaca con las aproximaciones más tempranas a este tipo de contextos. En este caso, contaríamos con las investigaciones sobre los sitios a ciudades y castillos durante las guerras civiles inglesas del siglo XVII (Courtney y Courtney 1992Courtney, P. y Courtney, Y.1992: “A siege examined: the Civil War archaeology of Leicester”, Post-Medieval Archaeology, 26(1), pp. 47-90. 10.1179/pma.1992.003; Harrington 2005Harrington, P.2005: “Siegefields: An Archaeological Assessment of 'Small' sieges of the British Civil Wars”, Journal of Conflict Archaeology, 1(1), pp. 93-113. 10.1163/157407705774928980.). En el caso español cabría mencionar los estudios sobre Iliturgi, de la segunda guerra púnica (Bellón et al. 2021Bellón, J. P., Lechuga, M. A., Rueda, C., Moreno, M. I., Quesada, F., Molinos, M., Ruiz., A., García-Bellido, M., Ortiz, I. y Vallés, J.2021: "De situ Iliturgi, análisis arqueológico de su asedio en el contexto de la segunda guerra púnica", Archivo Español de Arqueología, 94, e.15. 10.3989/aespa.094.), casos de cronología medieval como Alcalá la Vieja (Ramírez y Montalvo 2022Ramírez, M. y Montalvo, R.2022: Alcalá la Vieja: reinterpretando el asedio del 1118 desde la arqueología actual. Universidad de Alcalá, Alcalá de Henares.) e incluso asedios de época contemporánea, como el castillo de Chinchilla en Albacete durante la guerra peninsular (Simón et al. 2017Simón, J., Lorrio, A., Sánchez de Prado, M. y Moneo, T.2017: “Armamento de sitio en el castillo de Chinchilla (Albacete) durante la Guerra de la Independencia: Artillería y granadas de mano”, Gladius. Estudios sobre armas antiguas, arte militar y vida cultural en oriente y occidente, 37, pp. 171-206. 10.3989/gladius.2017.07). Para lo que vamos a tratar en este artículo, cobra relevancia el trabajo de Domínguez Solera y Muñoz (2016Domínguez-Solera, S. y Muñoz, M.2016: “Huellas arqueológicas del asedio carlista de Cuenca de julio de 1874”, en J.Recuenco (ed.), Entre la Guerra Carlista y la Restauración. Cuenca en el último tercio del siglo XIX, pp. 139-148. Diputación Provincial de Cuenca, Cuenca.) sobre las huellas arqueológicas del asedio carlista a Cuenca en 1874, durante la segunda guerra carlista.
2. FUENTES Y METODOLOGÍA
⌅En este estudio se han empleado dos tipos de fuentes según su origen. Primeramente, se han de mencionar las excavaciones realizadas en los cascos antiguos de las villas vascas. Se trata de intervenciones englobadas dentro de lo que se conoce como arqueología preventiva, de empresa, comercial, de gestión o de urgencia. En la mayoría de los casos se realizan por preceptivo legal para identificar, caracterizar, registrar y valorar el contexto arqueológico previamente a la realización de obras de envergadura que conlleven la alteración o destrucción del mismo. En algunos casos, dependiendo de los restos exhumados, también se ha llegado a paralizar las obras y se ha implementado la conservación y musealización del lugar. Se trata de yacimientos que abarcan una amplia franja cronológica y se caracterizan, necesariamente, por la fragmentación de sus resultados, ya que es común que intervengan únicamente sobre el solar afectado y generalmente de manera parcial, mediante la excavación de sondeos o trincheras de valoración. En el presente caso, se ha procedido a la consulta de memorias, informes y materiales de aquellas excavaciones que pudieran resultar de interés.
En segundo lugar, contaríamos con los restos visibles sobre el suelo, es decir, en la arquitectura. Se trata de las diferentes marcas de impacto que dejaron los proyectiles de artillería y fusilería en las fachadas de los edificios. Tanto por sus características propias, como por los paralelos consultados en otros casos de estudio, consideramos que este tipo de huellas ofrecen información sustancial para la arqueología de los asedios. No obstante, su documentación ha supuesto todo un reto. Por un lado, por el desconocimiento que se tenía, la mayoría de las veces, de su propia existencia. Y, por otro lado, por su difícil accesibilidad.
Significativamente, en los últimos años otros arqueólogos y arqueólogas han estudiado cuestiones similares en lo que respecta a la Guerra Civil española. Estos autores y autoras han percibido las relaciones existentes entre su área de estudio y la Forensis Architecture propuesta por Eyal Weizman (2017Weizman, E.2017: Forensic Architecture. Violence at the threshold of detectability. Zone Books, New York.). En sus aproximaciones, Weizman (2017Weizman, E.2017: Forensic Architecture. Violence at the threshold of detectability. Zone Books, New York.) aventura la relación existente entre la Arquitectura Forense y la arqueología del presente, poniendo especial énfasis en la materialidad espacial para la investigación de la sociedad actual.
Los primeros estudios en proponer una metodología de documentación de impactos de la Guerra Civil fueron desarrollados por Alfredo González Ruibal y su equipo en la Ciudad Universitaria de Madrid (González-Ruibal et al. 2010González-Ruibal, A., Marín Suárez, C., Sánchez-Elipe Lorente, M. y Lorente-Muñoz, S.2010: “Guerra en la Universidad: Arqueología del conflicto en la Ciudad Universitaria de Madrid”, Ebre 38: revista internacional de la Guerra Civil, 1936-1939, 4, pp.123-143.: 83-90; González-Ruibal 2016González-Ruibal, A.2016: Volver a las trincheras. Alianza, Madrid.). Posteriormente, Gallego y Solé (2018Gallego, L. y Solé, Q.2018: “Edificios heridos. Propuesta para una arqueología de los bombardeos de la Guerra Civil Española (1936-1939)”, ERPH_Revista Electrónica de Patrimonio Histórico, 23, pp. 1988-7213.) aplicaron una metodología similar al estudio de los impactos de metralla de los bombardeos aéreos fascistas sobre Barcelona.
Para la documentación de los impactos en la plaza de Sant Felip Neri, Gallego y Solé (2018Gallego, L. y Solé, Q.2018: “Edificios heridos. Propuesta para una arqueología de los bombardeos de la Guerra Civil Española (1936-1939)”, ERPH_Revista Electrónica de Patrimonio Histórico, 23, pp. 1988-7213.) emplearon la metodología básica de registro de la arqueología de la arquitectura, basada en la distinción y ordenación secuencial de las unidades estratigráficas verticales. El proceso seguido fue la toma de fotografías, la rectificación geométrica de las mismas y la elaboración de la planimetría y modelado fotogramétrico. Con ligeras variaciones, nosotros hemos empleado el mismo proceso para registrar los impactos de las guerras carlistas en edificios visibles hoy en día. Aunque en nuestro caso no se han distinguido unidades estratigráficas, puesto que el objetivo era únicamente registrar los impactos.
Dichas investigadoras detectaron uno de los problemas con el que también tuvimos que lidiar nosotros: la invisibilización de muchos de los restos en la trama urbana actual. Finalmente, Gallego y Solé (2018Gallego, L. y Solé, Q.2018: “Edificios heridos. Propuesta para una arqueología de los bombardeos de la Guerra Civil Española (1936-1939)”, ERPH_Revista Electrónica de Patrimonio Histórico, 23, pp. 1988-7213.) remarcaban el enorme potencial de estas trazas materiales como soporte emocional para el diálogo entre pasado y presente, idea con la que coincidimos plenamente. En sus propias palabras:
Los restos de los bombardeos son una parte del patrimonio material de la Barcelona del siglo XX, gracias a su potencial para revelar los bombardeos y acercar esos dramáticos sucesos a la actualidad. Su presencia misma conduce a reflexiones sobre la preservación, el surgimiento de nuevas formas de patrimonio y el debate en torno al papel de la materialidad de la memoria.
(Gallego y Solé 2018Gallego, L. y Solé, Q.2018: “Edificios heridos. Propuesta para una arqueología de los bombardeos de la Guerra Civil Española (1936-1939)”, ERPH_Revista Electrónica de Patrimonio Histórico, 23, pp. 1988-7213.: 2008).
Poco después y en un contexto similar, Ruiz Casero (2019Ruiz Casero, L.2019: El Palacio de Ibarra, marzo de 1937. Reconstruyendo un paisaje bélico efímero. Audema, Guadalajara.) publicaba un trabajo sobre los combates en 1937 en el Palacio Ibarra (Brihuega, Guadalajara). Si Gallego y Solé (2018Gallego, L. y Solé, Q.2018: “Edificios heridos. Propuesta para una arqueología de los bombardeos de la Guerra Civil Española (1936-1939)”, ERPH_Revista Electrónica de Patrimonio Histórico, 23, pp. 1988-7213.) analizaban los impactos apreciables en los edificios actuales, Ruiz Casero empleaba la restitución de fotografías antiguas con la misma finalidad. En primer lugar, cuadriculó un modelo frontal de la fachada principal del palacio. A continuación, superpuso las fotografías de mejor calidad y perspectiva de cada área, corrigiendo las deformaciones ópticas con una herramienta de procesado de imágenes. Posteriormente, realizó un mapa de fiabilidad de la lectura en cuatro categorías en función de la definición de las fotografías o la presencia de elementos que ocultaban la vista. Finalmente, se realizaron las planimetrías con la representación de los impactos y daños del edificio (Ruiz-Casero 2019Ruiz Casero, L.2019: El Palacio de Ibarra, marzo de 1937. Reconstruyendo un paisaje bélico efímero. Audema, Guadalajara.: 21-25 y 115).
Para esta investigación se han conjugado ambas fuentes, la documentación de impactos sobre fotografías actuales y sobre fotografías antiguas. En ambos casos se ha seguido un procedimiento idéntico basado en la metodología propuesta por González-Ruibal, Gallego y Solé y Ruiz Casero. Respecto a las fotografías actuales, fueron realizadas por el autor con una cámara SONY DSCH-HX300 con zoom de 50x, 20,4 MP e ISO 80-12800. Se tomaron varias imágenes del mismo edificio histórico, tanto de carácter general, como de detalle de los diferentes impactos. Además, se procuró visitar el lugar en diferentes épocas del año y con meteorología diversa para captar los cambios que podía producir la luz natural sobre el edificio. Respecto a las fotografías históricas, hemos tratado de localizarlas lo más exactamente posible en el espacio y tiempo. Hemos aplicado zoom a las imágenes para poder observar nítidamente todos los detalles y se ha seguido un procedimiento similar al empleado por Ruiz Casero.
Para la documentación de impactos, independientemente de la procedencia de las imágenes, estas han sido tratadas de la misma manera. El primer paso ha sido la corrección de la distorsión de lente y perspectiva. La primera se produce cuando se usan lentes de gran angular, comúnmente empleadas para la fotografía de paisajes o edificios. El efecto producido es la curvatura de los márgenes de la imagen, ya sean cóncavos (negativa o de barril) o convexos (positiva o de alfiletero). La segunda es una simple cuestión de punto de vista. La mayoría de monumentos y edificios, por su gran tamaño, no pueden ser fotografiados en un plano directo y recto. La corrección de estas distorsiones se realizó mediante el programa Adobe Photoshop con licencia para estudiante.
Tras el procesado de las imágenes se acometió la documentación de los impactos. Esta tarea se realizó mediante el programa AutoCAD con una licencia de estudiante. La cartografía generada se exportó en formato .dxf para, finalmente, emplear la herramienta de diseño de exportación de QGIS para dar salida a los planos. En todos los dibujos se ha tratado de ser lo más exhaustivo posible: se han dibujado las estructuras arquitectónicas principales como puertas y ventanas, el aparejo arquitectónico, las infraestructuras de servicio y, lo que más nos interesaba, las marcas de impacto.
Las fachadas de los edificios se han representado con línea continua de color negro, las estructuras arquitectónicas mediante línea continua de color azul, las grietas mediante línea continua de color gris, las estructuras de servicio mediante línea continua de color amarillo, los impactos de fusilería mediante puntos rojos y los de artillería mediante polígonos de color rosado con gradiente centrífugo.
3. ARQUEOLOGÍA DE LOS ASEDIOS
⌅Las leyes de Patrimonio Cultural Vasco establecen una protección jurídica en lo referente a las villas vascas (País Vasco, Ley 7/1990País Vasco1990: “Ley 7/1990, de 3 de julio, de Patrimonio Cultural Vasco”. Boletín Oficial del País Vasco (BOPV) n.º 157 de 6 de agosto. de 3 de julio y Ley 6/2019País Vasco2019: “Ley 6/2019, de 9 de mayo, del Patrimonio Cultural Vasco”. Boletín Oficial del País Vasco (BOPV) n.º 93 de 20 de mayo. de 9 de mayo). El código contempla diferentes figuras y calificaciones en función del tipo de bien y nivel de protección. La mayoría de las villas cuentan con zonas arqueológicas protegidas con la categoría de “Conjunto Monumental” y un grado de protección de “Inventariado”, las mismas suelen incluir el espacio y subsuelo del casco antiguo. Algunas excepciones han sido categorizadas como “Bien Cultural Calificado”, la mayor figura de protección. No obstante, los ejemplos tratados en este artículo, las zonas arqueológicas de Portugalete y Laguardia, pertenecen al primer ejemplo: “Conjuntos Monumentales Inventariados”.
En cualquier caso, estas normativas hacen prescriptivo que para cualquier obra que afecte al subsuelo se realice un seguimiento arqueológico y, en caso de que se precise, una excavación. Gracias a estas normativas, se han intervenido gran parte de las villas vascas, lo que ha supuesto la generación de una gran cantidad de información arqueológica que ha recibido diferente tratamiento. En muchos casos se han detectado niveles relacionados con los asedios de las guerras carlistas, en poblaciones como Hernani, Getaria, Portugalete y Laguardia (Moraza 1998Moraza, A.1998: “Gudarien Enparantza, 14 (Hernani)”, Arkeoikuska: investigación arqueológica, 1997, pp. 331-335.; Pérez, Esteban, y Alberdi 2007Pérez, J., Esteban, M. y Alberdi, X.2007: “Zarautz Jauregia (Getaria)”, Arkeoikuska: investigación arqueológica, 2006, pp. 166-168.; Aurrekoetxea 2012Aurrekoetxea, U.2012: “Coscojales, 9 y 11”, Arkeoikuska: Investigación arqueológica, 2011, pp. 223-228. y 2013Aurrekoetxea, U.2013: “Víctor Chávarri, 4”, Arkeoikuska: Investigación arqueológica, 2012, pp. 247-251.; Marina 2007Marina, R.2007: “Iglesia de Santa María de los Reyes”, Arkeoikuska: Investigación arqueológica, 2006, p. 211.).
Para el presente estudio, hemos optado por Portugalete y Laguardia por varias razones (Fig. 1). En primer lugar, porque a nivel histórico se trata de dos acciones muy cercanas en el tiempo. Laguardia fue asediada por el ejército liberal entre diciembre de 1873 y enero de 1874. Portugalete fue sitiada por el ejército carlista en enero de 1874. Como queda patente, en cada caso los bandos contendientes se establecieron en posiciones inversas, es decir, Laguardia fue atacada por liberales y defendida por carlistas, mientras que Portugalete fue sitiada por carlistas y defendida por liberales. De esta manera podíamos comparar el nivel de destrucción, ergo, capacidad tecnológica, de ambos ejércitos en el mismo momento de la guerra. En segundo lugar, se trata de dos ejemplos con un registro arqueológico completo, abundante, fiable y de calidad. Finalmente, habiendo realizado prospecciones visuales en busca de impactos en fachadas en diferentes villas vascas, se llegó a la conclusión de que Portugalete y Laguardia concentraban la cantidad más elevada de ellos y que, además, eran los más sencillos de registrar (Fig. 2).
3.1. Portugalete
⌅Durante la segunda guerra carlista (1872-1876), la villa de Portugalete fue asediada por el ejército carlista en enero de 1874 como paso previo al cerco y bombardeo de Bilbao. Se trataba de una posición estratégica fundamental, ya que cerraba la ría del Nervión-Ibaizabal en su desembocadura, la única vía de comunicación de la que disponía la capital de Bizkaia para su subsistencia.
El asedio se desarrolló entre el 29 de diciembre de 1873 y el 21 de enero de 1874 y terminó con la victoria carlista. La guarnición liberal, menor en número, completamente rodeada y con solamente dos viejos cañones, logró sostenerse durante tanto tiempo gracias a la colaboración de la goleta de guerra Buenaventura y el vapor de guerra Gaditano. La primera actuaba de batería flotante, la segunda colaboraba en tareas de apoyo y logística. No obstante, el continuo cañoneo carlista obligó a los buques a abandonar sus posiciones. Perdido el apoyo naval, a los defensores no les quedó más remedio que rendirse (Escorihuela, Brea, y Vanrell 1995Escorihuela, M., Brea, A. y Vanrell, J.1995: Portugalete y la II Guerra Carlista. Fundación El Abra, Portugalete.). El castigo al pueblo continuó después con el bombardeo por parte de la artillería naval liberal (Sánchez y Arrizabalaga 2022Sánchez, G. y Arrizabalaga, J.2022: Entre carlistas. Pamiela, Pamplona.: 53).
Los efectos materiales del asedio fueron importantes. Algunos testimonios de la época refieren que: “El lugar [...] mostraba terribles huellas del modo en que había sido bombardeado por los republicanos en su empeño por expulsar a los carlistas, y varias casas estaban en estado de ruina”. Más adelante, el mismo testigo detallaba que: “Todo estaba en un estado deplorable: ventanas sin cristales, mesas y sillas destartaladas...” (Sánchez y Arrizabalaga 2022Sánchez, G. y Arrizabalaga, J.2022: Entre carlistas. Pamiela, Pamplona.: 53-54). Otros relatan que “no hay calle, casa ni cuarto donde no entren las balas, ora de fusil, ora de las muchas que rebotan de la torre” (Escorihuela, Brea y Vanrell 1995Escorihuela, M., Brea, A. y Vanrell, J.1995: Portugalete y la II Guerra Carlista. Fundación El Abra, Portugalete.: 132 y 147). Los testimonios carlistas también coinciden al señalar la destrucción sufrida, para comienzos de abril de 1874, se narraba que: “ahora veía ante sí una villa muda y desierta sembrada de ruinas y escombros por todas partes” (Escondrillas 1876Escondrillas, D.1876: Mis memorias de la guerra. Tomo I. Autoeditado, Bordeaux., Tomo I: 31). Otro oficial carlista comentaba que “examinó las casas de la plaza, gráficamente calificadas al ser llamadas por un jefe palomares, pues eran sin cuento el número de agujero que la mayor parte tenían, causados por balas de cañón” (Llorens 1876Llorens, J.1876: Memorias de la Guerra Civil.Tomo II. Juan Guix, Valencia., Tomo II: 16-17). Los efectos del bombardeo se dejaban ver en todo el vecindario, particularmente en la iglesia, de la que se dudaba de su estabilidad. Del mismo modo, las marcas de impacto de la fusilería carlista eran también fácilmente visibles.
3.1.1. Excavaciones arqueológicas
⌅En lo que respecta a la arqueología, la excavación de varios sondeos en los números 9 y 11 de la calle Coscojales (Fig. 3) en 2012 pusieron al descubierto contextos materiales interesantes (Aurrekoetxea 2012Aurrekoetxea, U.2012: “Coscojales, 9 y 11”, Arkeoikuska: Investigación arqueológica, 2011, pp. 223-228.). Los arqueólogos detectaron potentes estratos de relleno que habían sido depositados para nivelar el piso. En su interior contenían una importante cantidad de cenizas, carbones y escombros mezclados, además, con material que se correspondía con la segunda guerra carlista: casquillos 11 × 57 Remington, un posible proyectil esférico de metralla tipo Shrapnel, así como una espoleta para granada de artillería (Fig. 4).
El número 11 de la misma calle también fue excavado, aunque aquí no se recuperó tanto material arqueológico como en el anterior. A pesar de lo cual, la presencia de un proyectil esférico de hierro para un cañón liso de avancarga (Fig. 4C) confirmaría que el edificio también fue afectado por los proyectiles carlistas. Se trata del tipo de bala rasa que mencionan las fuentes escritas (Escorihuela, Brea y Vanrell 1995Escorihuela, M., Brea, A. y Vanrell, J.1995: Portugalete y la II Guerra Carlista. Fundación El Abra, Portugalete.: 168). Por su tamaño (11,9 cm) podría haberse empleado en los cañones lisos de avancarga de 12 cm.
Teniendo en cuenta los materiales hallados y la secuencia estratigráfica, los arqueólogos responsables de la actuación concluyeron que, durante el asedio de 1874, el inmueble que ocupaba estos solares sufrió daños tan graves que obligaron a levantar un nuevo edificio. Previamente, fue necesario nivelar la superficie, lo que se realizó con el propio escombro generado por el derribo, de ahí la presencia de cenizas, tejas y material constructivo junto a objetos militares de la segunda guerra carlista.
En la calle Víctor Chávarri, se documentó una secuencia estratigráfica muy similar. Se realizaron tres sondeos, los dos primeros dieron resultados negativos. En el sondeo tres, en la parte trasera del inmueble, se detectaron potentes estratos de relleno con abundantes materiales. Nuevamente, se encontraron restos de escombros, aunque no se halló material bélico. Lo más interesante fue comprobar los cambios que se habían dado en el uso del espacio, los estratos de relleno y nivelación cubrían y amortizaban un muro de cronología anterior que los arqueólogos interpretaron como la pared de la división original de época medieval. En consecuencia, después del asedio, el nuevo edificio fue ampliado hacia la parte trasera del solar, lo que se observa con un simple vistazo aéreo (Aurrekoetxea 2013Aurrekoetxea, U.2013: “Víctor Chávarri, 4”, Arkeoikuska: Investigación arqueológica, 2012, pp. 247-251.).
En la Fig. 4 se aprecia cómo los edificios al sur mantienen una cárcava recta que coincide con la mitad que correspondería a cada calle. Sin embargo, los dos edificios situados en la esquina norte conquistan ese pasillo central e incluso puede que parte de lo que le correspondería a la calle posterior. La evidencia material parece indicar que este inmueble se hundió a consecuencia del bombardeo carlista, o que quedó tan deteriorado que hubo de reconstruirse. Este proceso se inició vertiendo potentes estratos de nivelación que contenían materiales del asedio. Posteriormente, se procedió a la construcción de un nuevo edificio, el cual amplió sus dimensiones a costa de los solares contiguos. En conclusión, en este caso la arqueología muestra un proceso de reordenación urbana acontecido tras el bombardeo carlista de la villa que conllevó un cambio sustancial en la trama urbana de origen medieval.
La documentación de impactos también nos ofrece datos interesantes sobre los combates. Hemos podido registrar estas marcas a partir de fotografías históricas y actuales en cuatro edificios: la iglesia de Santa María, la casa escuela, el convento de Santa Clara y una casa en la calle Cantón de la Iglesia.
3.1.2. Documentación de impactos
⌅El convento de Santa Clara, de origen medieval, fue ocupado por la guarnición liberal de Portugalete y fortificado como la defensa principal del flanco oeste de la población. Se han localizado un total de dieciséis impactos en la esquina noreste. Se aprecia la existencia de una concentración en un mismo cuadrante, pero de manera mucho más dispersa y relativamente alejada respecto a los vanos (Fig. 5).
La iglesia de Santa María era el principal punto defensivo de Portugalete. Se trata de un templo de estilo gótico de tres naves, crucero y torre cuadrangular coronada por una cúpula. La altura de su campanario permitía un control visual amplío sobre todo el territorio, circunstancia que fue aprovechada por los liberales para colocar a sus mejores tiradores. Las fuentes documentales narran un constante y duro ataque artillero contra la posición (Escorihuela, Brea y Vanrell 1995Escorihuela, M., Brea, A. y Vanrell, J.1995: Portugalete y la II Guerra Carlista. Fundación El Abra, Portugalete.: 167).
La Fig. 2 izquierda muestra la destrucción sufrida por la iglesia y la casa escuela de Portugalete (a la izquierda del templo) como consecuencia del bombardeo carlista. En lo que respecta a la primera, las partes más afectadas fueron la cúpula de la torre principal, la mitad superior de una torre anexa y la parte superior del primer tramo de la nave central. La concentración del fuego en estas zonas se debe precisamente a la presencia de los tiradores. Así lo reflejan las fuentes carlistas que mencionan cómo “los fuegos que los liberales les hacían desde la casa de los Pellos, la Escuela, el Ayuntamiento, y sobre todo desde la torre de la iglesia, que dominaba una gran extensión de terreno” (Escorihuela, Brea y Vanrell 1995Escorihuela, M., Brea, A. y Vanrell, J.1995: Portugalete y la II Guerra Carlista. Fundación El Abra, Portugalete.: 167). Los ingenieros trataron de fortificarla lo máximo posible mediante la construcción de varias obras de madera.
Los cuerpos superior e inferior de la torre también sufrieron el rigor de la artillería carlista. Sus efectos pueden apreciarse en la fotografía que muestra la reparación del edificio (Fig. 6). Vemos boquetes de grandes dimensiones, pero en este caso, la estructura de la torre logró resistir sin peligro de derrumbe (Escorihuela, Brea y Vanrell 1995Escorihuela, M., Brea, A. y Vanrell, J.1995: Portugalete y la II Guerra Carlista. Fundación El Abra, Portugalete.: 187). Muchos proyectiles llegaron incluso a rebotar contra los recios muros de la torre, saliendo disparados e impactando en otros lugares (Escorihuela, Brea y Vanrell 1995Escorihuela, M., Brea, A. y Vanrell, J.1995: Portugalete y la II Guerra Carlista. Fundación El Abra, Portugalete.: 219). Los disparos de fusil también se concentran en estas áreas, quedando el resto del edificio prácticamente libre de impactos. Finalmente, el destrozo sufrido en la torre del campanario obligó a los defensores a abandonar la iglesia dado que ya no era defendible.
La antigua casa-escuela de Portugalete es el único edificio del que no se ha conservado nada en la actualidad, por tanto, el análisis que aquí sigue se ha realizado a partir de la fotografía histórica (Fig. 7). En origen se trataba de un edificio muy simple, de planta cuadrada y tres pisos. Durante el asedio se convirtió en el cuartel general de los sitiados, por lo que fue fortificado y defendido ferozmente por parte de la guarnición. Cuando el día 5 la torre de la iglesia quedó completamente indefendible, las defensas liberales se reconcentraron precisamente aquí. De manera análoga, después de la inutilización de la iglesia como punto fuerte, los carlistas centraron las miras de sus cañones en este edificio, construyendo una batería a menos de 100 m y armándola con un cañón de avancarga liso de 12 cm (Escorihuela, Brea y Vanrell 1995Escorihuela, M., Brea, A. y Vanrell, J.1995: Portugalete y la II Guerra Carlista. Fundación El Abra, Portugalete.: 175-185).
Gran parte de la fachada presenta marcas de impacto de fusil y de artillería, a consecuencia de los cuales se produjeron importantes unidades negativas en las fachadas. También se aprecian pequeñas obras de reparación consistentes en tablas y maderos colocados en los vanos, en algunos casos cubriéndolos del todo, a modo de parapetos. En los últimos compases del asedio se describe la construcción como “completamente destruida” (Escorihuela, Brea y Vanrell 1995Escorihuela, M., Brea, A. y Vanrell, J.1995: Portugalete y la II Guerra Carlista. Fundación El Abra, Portugalete.: 135).
Los impactos de mayores dimensiones, de artillería, se agrupaban en la planta superior y alcanzaron toda la extensión del edificio. Esta concentración tendría que ver con el fuego de tiradores selectos que aprovecharían la mayor altura del edificio, y con el hecho de que estarían mejor enfilados para los cañones. Los impactos de fusil se reparten por todo el muro de forma muy prolífica y heterogénea, aunque más concentrados hacia el segundo piso. La evidencia arqueológica informa de que este fue uno de los puntos más disputados de la batalla. Los carlistas finalmente repitieron éxito y obligaron a los defensores a abandonar también esta posición (Escorihuela, Brea y Vanrell 1995Escorihuela, M., Brea, A. y Vanrell, J.1995: Portugalete y la II Guerra Carlista. Fundación El Abra, Portugalete.: 217).
En una casa particular de la calle Santa María se han documentado un total de siete marcas de impacto de medianas dimensiones, probablemente producidas por los cañones de avancarga carlistas, que disparaban esferas macizas de hierro. La mayoría se agrupan en torno a la ventana, hacia la mitad superior. Solamente una marca rompe este patrón y la encontramos en la primera hilada de sillares cerca de la puerta. En la fachada contigua se han documentado un total de doce marcas de impacto de pequeñas dimensiones en torno a la puerta y ventanas, sobre todo en estas últimas. En total son 19 en ambas fachadas, producidas tanto por armas de fusilería como de artillería. Aunque la muestra es ciertamente reducida, permite inferir algunos datos interesantes sobre el sitio carlista de Portugalete.
En primer lugar, en la cartografía consultada no aparece que este edificio soportase infraestructura militar de ningún tipo, y esta es bastante detallada respecto a los emplazamientos y tipología de las defensas. La documentación escrita coincide, puesto que en ninguna de las fuentes consultadas aparece este inmueble como emplazamiento militar o de apoyo. Podríamos pensar que en realidad se trata de disparos perdidos, sin embargo, su distribución espacial en el marco de las ventanas indica lo contrario, puesto que revela que la intención de los tiradores era dirigir sus fuegos hacia el interior a través de los puntos más débiles. Se trata de algo que las fuentes escritas generalizan, seguramente con exageración, diciendo que “apenas hay casa en donde no haya señalados en los marcos de ventanas y balcones agujeros de balas, o bien están engastadas, a guisa de tristes escudos heráldicos” (Escorihuela, Brea y Vanrell 1995Escorihuela, M., Brea, A. y Vanrell, J.1995: Portugalete y la II Guerra Carlista. Fundación El Abra, Portugalete.: 119).
3.2. Laguardia
⌅Laguardia es un municipio del sur de Araba, capital de la Rioja Alavesa. Su posición estratégica, como atalaya central de todo el territorio, ha supuesto una dilatada secuencia de ocupación humana desde época prerromana. Durante la segunda guerra carlista, cobró una importancia fundamental debido a su cercanía al frente de batalla. En este sentido, el río Ebro marcaba el límite de ambos contendientes, la orilla sur permaneció bajo dominio liberal, mientras que la norte estaba controlada por los carlistas. La dinámica de la guerra supuso el establecimiento de sendas líneas militares en las que se fortificaron vetustos castillos de origen medieval.
A lo largo de la guerra, Laguardia cambió de manos en cinco ocasiones en poco más de un año. Inicialmente, la villa permaneció bajo control de las autoridades gubernamentales. En la noche del 28 al 29 de noviembre de 1873, un contingente carlista logró entrar por sorpresa gracias a que unos vecinos abrieron una de las puertas de la muralla. Rápidamente se apoderaron de la urbe (Aróstegui 1970Aróstegui, J.1970: El carlismo alavés y la guerra civil de 1870-1876. Diputación Foral de Álava, Vitoria-Gasteiz.: 44). Entre el 29 de diciembre de 1873 y el 1 de enero de 1874, el ejército liberal puso Laguardia bajo asedio y comenzó a bombardear la muralla para abrir brecha y lanzar el asalto. Tras varios días de cañoneo y asaltos frustrados, el comandante carlista ordenó la rendición. Sus tropas no quisieron aceptarlo y se amotinaron, disparándole. El caos desatado fue aprovechado por los liberales para irrumpir y hacerse de nuevo con el pueblo (Cuerpo del Estado Mayor del Ejército 1885Cuerpo del Estado Mayor del Ejército1885: Narración Militar de la Guerra Carlista (Vol. 4). Imprenta y Litografía del Depósito de la Guerra, Madrid.: 98-105). La situación volvió a dar un vuelco del 5 de agosto de 1874. En esta ocasión, las tropas carlistas aprovecharon la cobertura de la noche para aproximarse sin ser detectados. Al amanecer del día siguiente lanzaron el asalto sorprendiendo al retén de guardia liberal. Los atacantes lograron tomar una de las puertas. Se desató un combate urbano en el que la guarnición liberal logró hacerse fuerte en el antiguo castillo y las iglesias. Tras varias horas de resistencia se acordó la rendición a cambio de la libertad de los defensores. Finalmente, la última batalla por Laguardia aconteció el 8 de octubre de 1874. El mando liberal organizó una gran operación ofensiva con la participación de varios miles de soldados de infantería, caballería y artillería. Su objetivo era rodear y aniquilar todas las fuerzas enemigas que quedaban en la Rioja Alavesa, convergiendo sobre Laguardia como centro de toda la comarca. En este caso las acciones militares se desarrollaron fuera del núcleo urbano. Una de las razones que explicarían este cambio podría ser la decisión carlista de arrasar parte de las murallas medievales (Enciso 1987Enciso, E.1987: Laguardia decimonónica.Servicio de Publicaciones de la Diputación Foral de Álava, Vitoria-Gasteiz.: 106). Tras esta operación, el municipio alavés volvió a control liberal y permaneció así por el resto de la contienda. No obstante, la fortificación de la plaza según los esquemas de la poliorcética moderna conllevó la alteración de buena parte de su trama urbana (Alameda 1874Alameda, F.1874. Croquis del pueblo fortificado de Laguardia. Ar.F-T.1-C.2_50; Monteverde y Suárez de la Vega 1875Monteverde, J. y Suárez de la Vega, J. M.1875. Plano de La Guardia y croquis del terreno exterior. VI-03-05.).
Todas estas operaciones militares dejaron una importante impronta en el urbanismo de la villa. Al igual que en Portugalete, las excavaciones arqueológicas que se han desarrollado al amparo de las legislaciones de patrimonio han revelado contextos materiales de la época. Del mismo modo, en algunas fachadas de los edificios de Laguardia aún perviven marcas de impacto de estas operaciones militares.
3.2.1. Excavaciones arqueológicas
⌅La zona arqueológica de Laguardia, que abarca buena parte de su casco urbano histórico, está declarada Conjunto Monumental Inventariado (País Vasco, Decreto 278/2009País Vasco2009: “Decreto 278/2009, de 26 de mayo, de modificación del Decreto por el que se califica como Bien Cultural, con la categoría de Conjunto Monumental, el Casco Histórico de Laguardia (Álava)”, Boletín Oficial del País Vasco (BOPV), n.º 108 de 9 de junio.). Al amparo de esta normativa se han realizado un significativo número de excavaciones arqueológicas. En muchas de ellas se han identificado potentes niveles de incendio y estratos de nivelación con una cronología cercana a la segunda guerra carlista. Se trata de una secuencia estratigráfica con características muy similares a las descritas anteriormente en Portugalete.
En 1999, en el número 2 de la Calle Mayor se documentó un potente estrato de relleno compuesto por abundante material de derrumbe como tejas, ladrillos, baldosas, enfoscados o maderas. Este depósito se extendía por todo el solar y rellenaba las zanjas de cimentación de los muros perimetrales previos. La conclusión del director de la intervención fue que este contexto se originó a raíz del colapso provocado por el bombardeo liberal de diciembre 1873 – enero de 1874 (Crespo 2000Crespo, C.2000: “Mayor de Migueloa, 2”, Arkeoikuska: Investigación arqueológica, 1999, p. 195.).
Bajo los restos de una antigua fragua en el 94 de la calle Páganos se documentó un potente nivel de relleno compuesto por una gran cantidad de material constructivo fragmentado. A continuación, se registró otro depósito que contenía una gran cantidad de cenizas y carbones. Estos datos, junto a la secuencia estratigráfica, apuntaría a que se trató de un edificio construido poco después de la guerra, aprovechando los restos del anterior para nivelar el piso. Lo más llamativo es que se aprovechó el proceso de construcción para proyectar el nuevo inmueble sobre la línea de muralla antigua, ganando así varios metros (Ajamil 2007aAjamil, F.2007a: “Páganos, 94 (Laguardia)”, Arkeoikuska: Investigación arqueológica, 2006, pp. 247-248.).
En el número 35 de la misma calle, los arqueólogos identificaron un estrato compuesto en su mayor parte por cenizas en el que se recuperó un tesorillo de unas 29 monedas, la mayoría de las cuales se databan en los siglos XVIII y XIX. Bajo este nivel de cenizas y previamente al estrato geológico, apareció una capa con abundante material de derrumbe (Ajamil 2003Ajamil, F.2003: “Páganos, 35 (Laguardia), Arkeoikuska: investigación arqueológica, 2002, pp. 229-230.). Como vemos, se trata de las mismas características que se vienen comentado para el resto de casos.
En los sondeos excavados en la Casa de la Primicia (número 78 de la calle Páganos), se identificaron varios rellenos de amortización y nivelación en los que predominaba la presencia de cenizas y escombros. Entre los materiales recuperados había dos monedas de Isabel II de 1866 que nos sitúan en la cronología de la segunda guerra carlista. Por otro lado, la lectura de alzados evidenció que el edificio fue destruido a raíz de las operaciones militares y al reconstruirse ganó varios metros respecto a la anterior parcelación (Marina 2006Marina, R.2006: “Páganos 78. Casa de la Primicia (Laguardia)”, Arkeoikuska: Investigación arqueológica, 2005, pp. 259-261. y 2008Marina, R.2008: “Páganos, 84. Casa de la Primicia”, Arkeoikuska: Investigación arqueológica, 2007, p. 104.).
La estratigrafía documentada en el 8 de la Rúa Mayor de Peralta era muy similar a las descritas previamente. En este solar, además, se constató que la muralla en la trasera del domicilio había sido reconstruida con mampuestos irregulares no trabajados y una argamasa de baja calidad. Los arqueólogos dataron el contexto a finales del siglo XIX, cuando, a raíz de las guerras carlistas, gran parte de la muralla de este sector desapareció, junto a la cercana puerta del Mercadal (Crespo 1996Crespo, C.1996: “Rúa Mayor de Peralta, 8”, Arkeoikuska: Investigación arqueológica, 1995, pp. 214-217.). Es plausible pensar que se trataría de la reconstrucción realizada tras los derribos ordenados por los carlistas. Por lo que cobra sentido que las nuevas obras muestren una escasa calidad técnica comparadas con la factura original de época medieval.
En el 18 de la Rúa Mayor de Peralta, se desarrolló una excavación arqueológica cuyos resultados más interesantes afloraron en la parte tocante a la muralla. La cimentación y la técnica constructiva constataban una fase de remodelación. La base descansaba de manera desigual en parte sobre el sustrato geológico y en parte sobre un nivel de relleno, las caras interna y externa se asentaban a diferente altura. Además “existía una gran diferencia de anchura entre la base y la parte superior, estando ésta muy baja respecto al adarve que se abre en el torreón” (Ajamil 2007bAjamil, F.2007b: “Rúa Mayor de Peralta, 18 (Laguardia)”, Arkeoikuska: Investigación arqueológica, 2006, pp. 262-265.: 4). El tipo de fábrica se componía de un sillarejo de deficiente calidad. La conclusión de los arqueólogos fue que se trataba de un contexto que “parece corresponderse con el derrumbe fortuito o intencionado del lienzo más antiguo, en el extremo sur, reconstruido para cerrar el hueco creado y vuelto a abrir para crear un acceso desde el exterior de la villa” (Ajamil 2007bAjamil, F.2007b: “Rúa Mayor de Peralta, 18 (Laguardia)”, Arkeoikuska: Investigación arqueológica, 2006, pp. 262-265.: 4). Este contexto material podría ser parte del derribo y posterior reparación de la muralla realizada tras la última toma liberal.
Las excavaciones llevadas a cabo en el entorno de la iglesia de Santa María de los Reyes en 2005 pusieron al descubierto un estrato que se extendía por toda la superficie excavada. Entre los materiales recuperados, cabe destacar dos monedas de 5 céntimos de 1870, una vaina 11 × 57 Remington y un fulminante para fusil de percusión (Marina 2007Marina, R.2007: “Iglesia de Santa María de los Reyes”, Arkeoikuska: Investigación arqueológica, 2006, p. 211.). Estos elementos son testimonio de los combates del 5 de agosto de 1874, cuando las tropas carlistas entraron en la población y sorprendieron a la guarnición liberal, que se refugió en el castillo y las iglesias para resistir. Esta secuencia arqueológica prueba que, tras el derribo del castillo y la toma definitiva por el ejército gubernamental, los liberales aprovecharon los escombros para elevar el nivel del suelo y crear un espacio diáfano que diera acceso al nuevo fuerte que estaban construyendo.
3.2.2. Documentación de impactos
⌅En lo que se refiere a la documentación de impactos, mediante una prospección visual se pudo constatar la pervivencia de varias marcas en diferentes edificios de Laguardia. La mayor cantidad de impactos se concentra en la muralla oeste, lo que estaría relacionado con el bombardeo de los cañones liberales entre diciembre de 1873 y enero de 1874 (Cuerpo del Estado Mayor del Ejército 1885Cuerpo del Estado Mayor del Ejército1885: Narración Militar de la Guerra Carlista (Vol. 4). Imprenta y Litografía del Depósito de la Guerra, Madrid.: 98).
El torreón más meridional de la muralla oeste agrupaba el mayor número de impactos (Fig. 8). Se documentaron marcas de grandes dimensiones, con evidente pérdida de materia pétrea, así como más reducidas, producto de disparos de fusil. Mientras que las de artillería están presentes en las tres caras del edificio, las de armas unipersonales se agrupan únicamente en la frontal. Esta evidencia material probaría que la posición fue cañoneada desde diferentes ángulos, y que, posteriormente, la infantería realizó un ataque directo.
El siguiente torreón también presenta marcas de impactos, aunque con una clara diferencia en este caso (Fig. 9). Solamente se documentó un impacto de artillería. Por el contrario, se registraron múltiples marcas de fusilería, nuevamente concentradas en la parte frontal de la torre. En este caso, todo indicaría que el edificio fue objeto de un combate sostenido entre las infanterías de ambos ejércitos. Es necesario consignar que este contexto se encuentra incompleto debido a que la parte superior de la torre fue reconstruida en tiempos recientes, desconocemos si se debió a la afectación por el bombardeo liberal o a cualquier otra circunstancia.
Siguiendo la muralla hacia el norte, en la trasera del número 96 de la calle Páganos se aprecian cinco impactos de artillería agrupados en la parte inferior de la fachada (Fig. 10). Si superponemos la ubicación actual de este inmueble con el mapa de la nueva fortificación de Laguardia en 1875, observamos que se ubicaría justo en el límite sur de una estructura denominada “cortina”. Este elemento se corresponde con una reparación ejecutada por los liberales en el lugar en el que sus cañones abrieron brecha en diciembre de 1873 y enero de 1874 (Monteverde y Suárez de la Vega 1875Monteverde, J. y Suárez de la Vega, J. M.1875. Plano de La Guardia y croquis del terreno exterior. VI-03-05.). Por tanto, la distribución de los impactos parece estar relacionada con el objetivo de derribar la muralla, abrir brecha y lanzar un asalto.
Los impactos documentados en la iglesia San Juan Bautista (Fig. 11) se relacionan con la segunda toma carlista de la villa en agosto de 1874. Más concretamente, con el momento en que la guarnición liberal presentó una última resistencia en el castillo e iglesias de San Juan y Santa María. En la fachada sur es donde mayor número y entidad de impactos de artillería se han detectado, son de grandes dimensiones y con evidente pérdida de materia pétrea, incluyendo sillares completos. Los impactos, en número de catorce, se agrupan a la izquierda del ventanal, a media altura, aunque también los hay en la parte superior, cerca de las antiguas almenas de la iglesia fortificada. Es llamativo observar que se trata de un lienzo con una importante sucesión de grietas en forma de cremallera. Sin que podamos confirmarlo, el castigo artillero sufrido por el edificio podría ser la causa de estas afecciones. Finalmente, en uno de los edificios anexos a la iglesia, en la plaza de San Juan, se registraron varias marcas de impacto de armas unipersonales. Se ubican en la parte baja del lienzo, en la zona central (Fig. 12).
Esta evidencia material se atribuye a la batalla ocurrida al amanecer del día 5 de agosto de 1874, cuando los carlistas asaltaron la población por sorpresa y los liberales se refugiaron en el castillo e iglesias de Santa María y San Juan. A continuación, ambos templos fueron atacados por la artillería carlista con el objetivo de deshacer la resistencia y lograr la rendición. La infantería se sumó al ataque, resultado del cual son los impactos que se han ido señalando. Partiendo de esta hipótesis, una conclusión interesante es que la fuente arqueológica evidencia un bombardeo muy destructivo, al contrario de lo que se trasluce de las fuentes escritas, donde la resistencia liberal parece ser poco menos que nominal.
A pesar del poder destructivo de las armas de la época, es interesante comprobar que la mayor modificación del entramado urbano de Laguardia fue posterior a las batallas. Primeramente, cuando el oficial carlista al mando decidió derruir las murallas y casas extramuros (Enciso 1987Enciso, E.1987: Laguardia decimonónica.Servicio de Publicaciones de la Diputación Foral de Álava, Vitoria-Gasteiz.: 106). Pero, sobre todo, cuando los ingenieros militares liberales anularon las defensas preexistentes y establecieron un nuevo sistema, correspondiente con los esquemas modernos.
Dos planos cartográficos de la época nos sirven para evaluar las transformaciones acontecidas en el entramado urbano de Laguardia a raíz de la modernización del esquema defensivo (Fig. 13). Al comenzar la guerra, la población seguía el típico esquema defensivo medieval: un anillo de muralla de paños altos con torreones cuadrangulares y circulares escalonados y un castillo con torre del homenaje en el vértice norte como fortaleza principal (Fig. 13 superior). La modernización del sistema defensivo generó una nueva arquitectura que salió extramuros. Se aprecian las formas quebradas del perímetro, el establecimiento de varias baterías y baluartes (Fig. 13 inferior). Algunas puertas fueron anuladas y otras, particularmente la de Páganos, se fortificaron con cuerpos externos. Las mayores modificaciones se realizaron en el vértice norte, donde el castillo medieval fue completamente derruido y sustituido por un fuerte de nueva planta. Se trataba de una construcción muy sencilla, reducida en sus dimensiones, pero lo suficientemente robusta como para constituir un punto de defensa resistente al que no se pudiera atacar sin contar con artillería. Las defensas se complementaban con una segunda línea de muralla externa, cuyo elemento central era un baluarte de tres puntas. Se construyó, además, un cuerpo de guardia y algunas garitas. La estructura básica de esta fortificación ha sobrevivido al paso del tiempo, albergando hoy en día la escuela e instituto del pueblo.
El nuevo sistema defensivo tuvo una vida corta. Aunque en 1877 el fuerte se amplió, en 1881 el Ministerio de Defensa decidió retirar el batallón de infantería que lo guarnecía y el edificio quedó como cuartel de la guardia civil. En esta época también se desmantelaron la mayor parte de las fortificaciones levantadas durante la última conquista liberal, como la segunda línea de muralla y las baterías de artillería (Cuesta 2018Cuesta, P.2018: “Forma y espacio urbano en Laguardia”, Sancho el Sabio, 41, pp. 122-151.: 139).
4. DISCUSIÓN
⌅La consulta de memorias y materiales de varias excavaciones realizadas en dos villas vascas nos ha permitido identificar varios contextos estratigráficos relativos a los asedios sufridos por dichas poblaciones durante la segunda guerra carlista (1872-1876). Se trata de una información que, hasta el momento, ha permanecido inerte y dispersa en los almacenes de diferentes museos arqueológicos, pero que, una vez reunida y puesta en su contexto, muestra el profundo impacto que los conflictos civiles del siglo XIX originaron en el paisaje urbano de la época. No solo nos referimos a la destrucción generada por bombas, granadas y balas rasas, sino también a la desaparición de buena parte de las fortificaciones heredadas por la modernización de los esquemas defensivos. Como hemos visto, los efectos de los asedios no se encuentran únicamente en el subsuelo, ya que en muchas fachadas aún pueden distinguirse los impactos de cañones y fusiles de aquellas operaciones. Es más, por los datos recopilados hasta la fecha, dichos impactos parecen ser el testimonio más aparente, numeroso y perdurable de estos episodios históricos.
Estos datos arqueológicos, conjuntamente con la información gráfica, cartográfica y escrita, aportan una lectura mucho más profunda y amplia del fenómeno histórico estudiado. En este sentido, hemos podido comprobar una de las consecuencias más dramáticas de los asedios: el fuerte impacto que tuvieron sobre la población civil. Estas operaciones militares conllevaron, en muchas ocasiones, la destrucción de propiedades privadas y públicas, como los domicilios de Laguardia o la casa-escuela de Portugalete.
Por otro lado, los ejemplos analizados ofrecen una muestra comparativa de gran valor. Se trata de dos casos muy cercanos en el tiempo y el espacio, en el que ambos ejércitos intercambian las posiciones de asediante y asediado. El cruce de datos nos permite asomarnos a la capacidad de destrucción, y en un sentido más amplio, a la capacidad tecnológica y nivel de formación de ambos ejércitos. También es indicativo de la disponibilidad de recursos y de las diferentes estrategias seguidas por ambos bandos en la conquista y defensa del territorio. Los liberales, por un lado, contaron prácticamente en todas las ocasiones con una mejor tecnología y mayores recursos. Los carlistas, por el otro lado, tuvieron al paisaje como su mejor aliado y a la táctica como su mejor baza.
Volviendo a lo expresado en la introducción, las operaciones de asedio y bombardeo suponen la militarización de las propias poblaciones, que terminan formando parte del contexto bélico, de manera activa y pasiva. La ausencia de edificios militares clásicos como fuertes, baluartes o baterías, obligó a los defensores en ambos casos a fortificarse en los edificios de la ciudad. De esta manera, iglesias, conventos, escuelas y murallas medievales fueron empleados como puntos fortificados. Se trataba de edificios robustos, sólidos, fácilmente defendibles, con altura y con cierta tolerancia a los efectos de las granadas enemigas. A pesar de que dichos contextos habían sido excavados hacía tiempo, hasta el momento no se había identificado como una fase estratigráfica tan generalizada.
A nivel nacional, el paralelismo más claro con los casos estudiados lo encontramos en la ciudad de Cuenca. Las excavaciones arqueológicas realizadas en la parte antigua han identificado contextos tanto del asalto carlista de julio de 1874 como de la posterior reconstrucción de la postguerra (Domínguez-Solera y Muñoz 2016Domínguez-Solera, S. y Muñoz, M.2016: “Huellas arqueológicas del asedio carlista de Cuenca de julio de 1874”, en J.Recuenco (ed.), Entre la Guerra Carlista y la Restauración. Cuenca en el último tercio del siglo XIX, pp. 139-148. Diputación Provincial de Cuenca, Cuenca.; Muñoz y Domínguez-Solera 2016Muñoz, M. y Domínguez-Solera, D.2016: “Arqueología de la Restauración en Cuenca”, en J.Recuenco (ed.), Entre la guerra carlista y la Restauración. Cuenca en el último tercio del siglo XIX, pp. 193-208. Publicaciones de la Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Cuenca.). La defensa de la plaza se basó en la fortificación de ciertos tramos de las vetustas murallas medievales, la construcción de barricadas, la erección de parapetos, el cegado de puertas y la apertura de aspilleras. Los carlistas aprovecharon los cerros colindantes para bombardear la población y los arrabales, abandonados por el mando liberal por su difícil defensa, para acercarse al núcleo urbano y, finalmente, asaltarlo. El antiguo castillo medieval fue empleado como último punto defensivo, al igual que en Laguardia, y es precisamente en este lugar donde se han recuperado varios casquillos 11 × 57 Remington como testimonio de los combates entre carlistas y liberales. Al igual que en el País Vasco, la segunda guerra carlista fue, para las fortificaciones medievales de Cuenca, el último momento en que estas fueron empleadas con el propósito militar que les dio origen (Domínguez-Solera y Muñoz 2016Domínguez-Solera, S. y Muñoz, M.2016: “Huellas arqueológicas del asedio carlista de Cuenca de julio de 1874”, en J.Recuenco (ed.), Entre la Guerra Carlista y la Restauración. Cuenca en el último tercio del siglo XIX, pp. 139-148. Diputación Provincial de Cuenca, Cuenca.: 141-146).
En el plano internacional, con la salvedad del Reino Unido, esta arqueología de los asedios de época moderna ha sido escasamente tratada en comparación con los programas centrados en los campos de batalla o fortificaciones. La mayoría de referencias, y también las primeras, se centran en ejemplos de las guerras civiles inglesas del siglo XVII (Courtney y Courtney 1992Courtney, P. y Courtney, Y.1992: “A siege examined: the Civil War archaeology of Leicester”, Post-Medieval Archaeology, 26(1), pp. 47-90. 10.1179/pma.1992.003; Atkin y Howes 1993Atkin, M. y Howes, R.1993: “The use of archaeology and documentary sources in identifying the Civil War defences of Gloucester”, Post-Medieval Archaeology, 27 (1), pp. 15-41. 10.1179/pma.1993.003; Harrington 2005Harrington, P.2005: “Siegefields: An Archaeological Assessment of 'Small' sieges of the British Civil Wars”, Journal of Conflict Archaeology, 1(1), pp. 93-113. 10.1163/157407705774928980.), aunque también existen trabajos relativos a guerras de los siglos XVIII y XIX en América Latina (Hernández de Lara et al.2014Hernández de Lara, O., Lorenzo, L., Rodríguez-Tápanes, B., Hernández-Godoy, S. y Hernández-Campos, I.2014: “«El peligro te viene de arriba». Arqueología de una batalla durante la intervención estadounidense en la bahía de Matanzas, Cuba (1898)”, en C.Landa y O.Hernández de Lara (eds.), Sobre arqueología en campos de batalla. Arqueología de los conflictos bélicos en América Latina, pp. 191-234. Aspha Ediciones, Buenos Aires. y 2020Hernández de Lara, O., Orihuela, J. y Rodríguez-Tápanes, B.2020: “Arqueología de una batalla que no sucedió: la invasión inglesa y voladura del Castillo de San Severino (Matanzas, 1762)”, en C.Landa y O.Hernández de Lara (eds.), Arqueología en campos de batalla. América Latina en perspectiva, pp. 25-62. Aspha Ediciones, Buenos Aires.).
En este sentido, creemos que uno de los aportes más importantes ha sido demostrar, desde la perspectiva arqueológica, que los asedios a Portugalete y Laguardia supusieron la destrucción de parte de la trama urbana, aunque no de una manera tan generalizada como la mayoría de las fuentes escritas pretendían hacer creer. Varias de las casas fueron reconstruidas, pero lo más llamativo es que la ocasión se aprovechó para remodelar la antigua estructura, bien ganando metros respecto a la muralla en el caso de Laguardia, y haciendo lo propio respecto a las casas zagueras en Portugalete. En ambos casos, se produjo una variación en la distribución interna existente hasta el momento.
Otra de las consecuencias de los asedios fue la fortificación de las plazas una vez el ejército liberal las recuperó. En Laguardia se fortificaron y guarnecieron especialmente las puertas, se crearon baluartes para artillería, un fuerte de nueva planta y un recinto exterior que trasladaba la defensa a extramuros. De un modo similar, tras los asedios de Portugalete y Bilbao, el mando liberal creó una extensa línea de fortificaciones que protegiera toda la comarca (Martín 2019Martín, G.2019: “Defendiendo la ‘Invicta Villa’. Génesis y desarrollo de la ‘Línea de Bilbao y su ría y Abra’ durante la Última Guerra Carlista (1872-1876)”, Vasconia. Cuadernos de historia y geografía, 43, pp. 33-73.). Como parte de este sistema, en Portugalete se erigieron los fuertes de San Roque y Campanzar.
Estos cambios urbanísticos supusieron la modificación de parte de la fisionomía medieval de las villas vascas. Los sectores norte y sur de Laguardia fueron completamente modificados, erigiéndose fortificaciones a la moderna y destruyendo las medievales. Respecto a Portugalete, las casas afectadas fueron reconstruidas siguiendo nuevos esquemas arquitectónicos, en concreto el eclecticismo que tanto triunfó en Bilbao a finales del siglo XIX (Basurto 1999Basurto, N.1999: Los maestros de obras en la construcción de la ciudad. Bilbao, 1876-1910. Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Bizkaia, Bilbao.).
A partir de 1876 todas las capitales vascas experimentaron un importante crecimiento económico que quedó reflejado en su urbanismo, el ejemplo paradigmático fue la construcción de los ensanches. Nuevamente, se observa un potente paralelismo con la ciudad castellano-manchega de Cuenca. Los restos de fortificaciones decimonónicas fueron desmantelados entre 1874 y 1895 junto a la anulación de la muralla medieval. La ciudad baja fue completamente reconstruida por el destrozo sufrido durante la guerra, creando un nuevo ensanche. Todo este proceso, además, fue protagonizado por estilos arquitectónicos más acordes con los gustos burgueses de la época (Muñoz y Domínguez-Solera 2016Muñoz, M. y Domínguez-Solera, D.2016: “Arqueología de la Restauración en Cuenca”, en J.Recuenco (ed.), Entre la guerra carlista y la Restauración. Cuenca en el último tercio del siglo XIX, pp. 193-208. Publicaciones de la Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Cuenca.: 194-202).
A pesar de la distancia cronológica y geográfica entre nuestros ejemplos y los de las guerras civiles inglesas (siglo XVII), resulta interesante comprobar la homogeneidad existente en lo que se refiere a la cultura material recuperada. En las ciudades de Leicester, Gloucester, Derry, Kinsale, Limerick y los castillos de Carrickmines, Tantallon, Helmsley y Scarborough, todos ellos datados en el primer tercio del siglo XVII, se recuperaron proyectiles lisos de avancarga, tanto para artillería como para fusilería (Courtney y Courtney 1992Courtney, P. y Courtney, Y.1992: “A siege examined: the Civil War archaeology of Leicester”, Post-Medieval Archaeology, 26(1), pp. 47-90. 10.1179/pma.1992.003; Atkin y Howes 1993Atkin, M. y Howes, R.1993: “The use of archaeology and documentary sources in identifying the Civil War defences of Gloucester”, Post-Medieval Archaeology, 27 (1), pp. 15-41. 10.1179/pma.1993.003; Harrington 2005Harrington, P.2005: “Siegefields: An Archaeological Assessment of 'Small' sieges of the British Civil Wars”, Journal of Conflict Archaeology, 1(1), pp. 93-113. 10.1163/157407705774928980.; Logue y O'Neill 2006Logue, P. y O'Neill, J.2006: “Excavations at Bishop's Street Without: 17th Century Conflict Archaeology in Derry City”, Journal of Conflict Archaeology, 2 (1), pp. 49-75. 10.1163/157407706778942240). En el caso cubano la dinámica se reitera, las intervenciones realizadas en torno a las defensas del puerto de Matanzas han podido recuperar varias granadas de tetones disparadas por los buques de guerra estadounidenses durante el bombardeo del 27 de abril de 1898. Gracias a sus características formales, se pudieron identificar el tipo y calibre de los proyectiles y, a través de ello, asociarlos a los navíos concretos que los dispararon (Hernández et al. 2014Hernández de Lara, O., Lorenzo, L., Rodríguez-Tápanes, B., Hernández-Godoy, S. y Hernández-Campos, I.2014: “«El peligro te viene de arriba». Arqueología de una batalla durante la intervención estadounidense en la bahía de Matanzas, Cuba (1898)”, en C.Landa y O.Hernández de Lara (eds.), Sobre arqueología en campos de batalla. Arqueología de los conflictos bélicos en América Latina, pp. 191-234. Aspha Ediciones, Buenos Aires.: 214-221).
No obstante, también existen diferencias sustanciales. En este sentido, un tipo de hallazgo común que por el momento no se ha verificado para las guerras carlistas es el de las granadas de mano. En contextos británicos de asedios del siglo XVII se han recuperado varios objetos de este tipo fabricados en arcilla (Courtney y Courtney 1992Courtney, P. y Courtney, Y.1992: “A siege examined: the Civil War archaeology of Leicester”, Post-Medieval Archaeology, 26(1), pp. 47-90. 10.1179/pma.1992.003: 63-76; Atkin y Howes 1993Atkin, M. y Howes, R.1993: “The use of archaeology and documentary sources in identifying the Civil War defences of Gloucester”, Post-Medieval Archaeology, 27 (1), pp. 15-41. 10.1179/pma.1993.003). También en la excavación arqueológica del castillo de Chinchilla (Albacete), asediado por los soldados napoleónicos en 1812, se registró una amplia colección de granadas de mano de vidrio (Simón et al. 2017Simón, J., Lorrio, A., Sánchez de Prado, M. y Moneo, T.2017: “Armamento de sitio en el castillo de Chinchilla (Albacete) durante la Guerra de la Independencia: Artillería y granadas de mano”, Gladius. Estudios sobre armas antiguas, arte militar y vida cultural en oriente y occidente, 37, pp. 171-206. 10.3989/gladius.2017.07). Este tipo de elementos estarían claramente relacionados con episodios de combates urbanos, a corta distancia, donde el efecto de las granadas sería más devastador. En este sentido actuarían de fósil director para detectar arqueológicamente contextos de asedio. No obstante, por el momento no se ha recuperado ningún indicio de este tipo en yacimientos de las guerras carlistas. Según los investigadores que intervinieron en Chinchilla y que trataron estas piezas en detalle “su uso decayó tras las guerras napoleónicas, extinguiéndose hacia 1870, frente a la aparición de los fusiles de repetición” (Simón et al. 2017Simón, J., Lorrio, A., Sánchez de Prado, M. y Moneo, T.2017: “Armamento de sitio en el castillo de Chinchilla (Albacete) durante la Guerra de la Independencia: Artillería y granadas de mano”, Gladius. Estudios sobre armas antiguas, arte militar y vida cultural en oriente y occidente, 37, pp. 171-206. 10.3989/gladius.2017.07: 182).
5. CONCLUSIONES
⌅El estudio realizado prueba el fuerte impacto que las guerras carlistas tuvieron en el urbanismo de algunas villas vascas. La generalización de la guerra con el País Vasco y Navarra como el principal teatro de operaciones, conllevó la creación de complejos y numerosos paisajes del conflicto de diferente tipo. Junto a los campos de batalla y los sistemas fortificados, las operaciones de sitio, asedio y bombardeo generaron contextos arqueológicos con características y dinámicas propias. El estudio arqueológico de los mismos se ha probado como una herramienta útil, valiosa y novedosa para la obtención de nueva información histórica y para la relectura de dichos episodios.
Los datos obtenidos en las villas vascas, así como los paralelos internacionales citados anteriormente, evidencian, no solamente el fuerte impacto de los asedios en los contextos urbanos, sino que también prueban la existencia de un patrón arqueológico y una cultura material común que trasciende la particularidad de cada yacimiento. Del mismo modo que las investigaciones arqueológicas en el campo de batalla de Little Bighorn evidenciaron un “post-Civil War battlefield archaeological pattern” (Scott y McFeaters 2011Scott, D. y McFeaters, A.2011: “The Archaeology of Historic Battlefields: A History and Theoretical Development in Conflict Archaeology”, Journal of Archaeological Research, 19, pp. 103-132. 10.1007/s10814-010-9044-8: 110-111), los trabajos relativos a estos siegefields (Harrington 2005Harrington, P.2005: “Siegefields: An Archaeological Assessment of 'Small' sieges of the British Civil Wars”, Journal of Conflict Archaeology, 1(1), pp. 93-113. 10.1163/157407705774928980.) muestran una profunda similitud entre ellos, síntoma de una conexión potente que hasta el momento no se había identificado y en la que cabría la pena profundizar. Este fenómeno estaría caracterizado por la existencia de niveles de destrucción con indicios de cremación y derrumbe, a lo que se uniría una cultura material mayoritaria relacionada con la militaria, especialmente proyectiles de artillería. Finalmente, a la destrucción le siguió la reconstrucción, que solía variar la trama urbana de la población en cuestión.
Más allá de los resultados puramente académicos, los asedios de las guerras carlistas fueron el germen de la creación de una memoria conmemorativa sobre dichos eventos. Esta memoria fue particularmente celebrada en las décadas finales del siglo XIX y primera mitad del XX, con los casos de Bilbao y Cuenca como ejemplos paradigmáticos (Gómez 2016Gómez, D.2016: “La memoria de la piedra. El monumento a las víctimas del 15 de julio”, en J.Recuenco (ed.), Entre la Guerra Carlista y la Restauración. Cuenca en el último tercio del siglo XIX, pp. 53-78. Diputación Provincial de Cuenca, Cuenca. y Martín 2023Martin, G.2023: “«Honrar a nuestros héroes muertos». Conmemoraciones públicas, monumentos y memoria de las guerras carlistas”, Pasado y Memoria, 26, pp. 221-255. 10.14198/pasado.21888.). Actualmente, cuando esta agencia conmemorativa se ha desactivado y los hechos de las guerras carlistas permanecen en una suerte de amnesia colectiva, las marcas de impactos que aún sobreviven en las fachadas vascas son su mudo testimonio y las cicatrices que hacen presente esos hechos del pasado.