1. INTRODUCCIÓN
⌅Los recintos fortificados de Marmolejo, de la Aragonesa y de Bretaña se emplazaron en el confín occidental de la provincia de Jaén, cerca de Córdoba, en una zona del tramo medio-alto del río Guadalquivir caracterizada por la presencia de dos grandes hoces fluviales (Fig. 1).
Por esta zona, discurrió a cotas más elevadas el trazado principal de la vía Augusta (Santiago 2008Santiago Haro, J. 2008: “Sobre el trayecto de la "Vía Augusta" por los actuales términos de Andújar, Marmolejo y Lopera (Jaén)”, Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, 197, pp. 11-72., 2009Santiago Haro, J. 2009: “Sobre el trayecto de la "Vía Augusta" por los actuales términos de Andújar, Marmolejo y Lopera (Jaén): una nueva propuesta (II)”, Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, 199, pp. 11-56.) que, desde Córdoba, remontaba el Guadalquivir, reutilizada en la Edad Media y referida desde entonces como el Arrecife, del árabe al-raṣīf, en referencia a “la calzada” (Franco-Sánchez 2017Franco-Sánchez, F. 2017: “La toponimia árabe de los espacios viales y los espacios defensivos en la península Ibérica”, en C. Carvalho, M. Planelles Iváñez, E. Sandakova y M. Aragón Cobo (eds.), De la langue à l’expression : le parcours de l’expérience discursive. Hommage à Marina Aragón Cobo, pp. 167-190. Universitat d’Alacant, Alicante.: 174-175). Más cercanos al río se establecieron varios caminos secundarios que enlazaban con dicha vía. El que se dirigía desde el castillo de Villa del Río (Córdoba) hasta el de Marmolejo, estuvo jalonado por otras dos fortificaciones intermedias, distanciadas todas ellas entre sí unos 5 km. Estos recintos fortificados han venido siendo considerados como fortines destinados a la protección de infraestructuras viarias (Eslava 1988Eslava Galán, J. 1988: “Fortines bereberes en al-Andalus”, Cuadernos de estudios medievales y ciencias y técnicas historiográficas, 14-15, pp. 97-113.). Por la existencia de asentamientos cercanos con un amplio espectro cronológico y ocupados en su última fase en época andalusí, podrían haber constituido recintos defensivos vinculados a una o varias alquerías (ḥuṣūn). Tampoco sería descartable que algunos de estos casos fuesen fundados inicialmente como rábitas, pues, tal y como se expondrá, existe una amplia tradición de recintos similares que desempeñaron primigeniamente esta función tanto en el Magreb como en al-Ándalus.
La primera representación conocida de estas fortalezas del entorno de Marmolejo fue realizada por Martín de Ximena Jurado en la primera mitad del siglo XVII, un eclesiástico humanista que llegó a ser secretario del obispo de la diócesis jiennense. Mostró un gran interés por las antigüedades y por la militarización del antiguo reino de Jaén, cartografiando de forma pionera este territorio. Estos dibujos se encuentran en el manuscrito 1180 de la Biblioteca Nacional, que habría sido redactado entre 1639 y 1647 (Parejo 1978Parejo Delgado, M.ª J. 1978: “Don Martín de Ximena Jurado, historiador del reino de Jaén”, en Andalucía medieval: Actas del I Congreso de Historia de Andalucía, vol. I, pp. 275-286. CajaSur, Obra Social y Cultural, Córdoba.; Eslava 1988Eslava Galán, J. 1988: “Fortines bereberes en al-Andalus”, Cuadernos de estudios medievales y ciencias y técnicas historiográficas, 14-15, pp. 97-113.; Rodríguez 2001Rodríguez Arévalo, M. 2001: “Martín Ximena Jurado, historiador villanovero del Reino de Jaén”, Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, 179, pp. 7-28.; Castillo 2004Castillo Armenteros, J. C. 2004: “Martín Ximena Jurado (1615-1664)”, en V. Salvatierra Cuenca y P. A. Galera Andreu (eds.), Universitarios giennenses en la historia: apuntes biográficos, pp. 137-145. Universidad de Jaén, Jaén.; Mozas 2018Mozas Moreno, M. S.2018: Martín de Ximena Jurado: Manuscrito 1180 de la Biblioteca Nacional de España. Arqueología en Jaén en el siglo XVII: monedas y antigüedades. Editorial Universidad de Jaén, Jaén.: 72-73 y 482-484; García-Pulido 2023García-Pulido, L. J. 2023: “Andalusi Defensive Architecture through Martín de Ximena Jurado’s Drawings (Mid-17th Century)”. Arts 2023, 12 (5), 205. 10.3390/arts12050205).
En el caso de la localidad de Marmolejo realizó un croquis de su castillo, el más detallado de ellos. Dentro de su término municipal también dibujó una torre junto a la ermita de San Julián, que habría pertenecido a la fortificación que siglos atrás debió de ser denominada Castillo de la Aragonesa. También dejó plasmada la representación de otro recinto amurallado en el Sitio de Bretaña (Fig. 2). Este es el único que se ha conservado, con su torre principal, parte de sus murallas y tres torreones de flanqueo en las esquinas.
El Sitio de Bretaña fue entregado como propios a la ciudad de Andújar por privilegio del rey Fernando III el 12 de marzo de 1239.1
Estos lugares fueron representados de manera muy esquemática y simbólica en un “paño de pintura”4
El verdadero Castillo de la Aragonesa correspondería al que habría existido junto a los “Cortijos y Ermita de San Julián”, en la desembocadura del arroyo de la Orden en el río Guadalquivir. El estado de conservación en el que se encontraba en el segundo tercio del siglo XV obligó a realizar reparaciones y poco después ya empezó a ser referido como una torre vinculada a un edificio religioso.5
Pese a que estos tres castillos se situaron a relativa poca distancia entre sí y estuvieron enlazados por un camino, el de Bretaña no tuvo relación visual directa con los otros dos, pero se vislumbra la existencia de puntos de oteo que habrían permitido su interconexión (Fig. 4).
2. MENCIONES HISTÓRICAS DEL CASTILLO DE BRETAÑA Y DE SU EMPLAZAMIENTO
⌅Sus restos se localizan a 400 m al este del río Guadalquivir, que actúa en este punto como frontera entre las provincias de Jaén y de Córdoba (García-Pulido 2024García-Pulido, L. J. 2024: “Un ejemplo conservado de los recintos defensivos medievales representados en la primera mitad del siglo XVII en el manuscrito «Antigüedades del reino de Jaén»”, en G. Islami y D. Veizaj (eds.), Defensive Architecture of the Mediterranean, vol. XVI, pp. 83-90. Universiteti Politeknik i Tiranës y edUPV, Tirana. 10.4995/Fortmed2024.2024.17943). Fue construido a una cota de unos 213 m s. n. m., en la ladera que asciende suavemente desde la orilla norte del arroyo de la Magdalena (Fig. 5), que se encuentra a unos 100 m de su muralla meridional y en torno a 20 m de desnivel.
Ximena Jurado acompañó el croquis de este recinto fortificado con un escueto texto: “Este castillo del Aragonesa, o Bretaña està junto al mismo Río Guadalquivir en su ribera meridional, tendrà cien pasos de a cinco tercias de quadrado, dista dos quartos y medio de legua del Marmolejo, y de Anduxar casi dos leguas” (Ximena Jurado, fol. 167 del Ms. 1180 BN).
Realizó el dibujo en seudoperspectiva militar (Fig. 2, derecha), con graves errores en la plasmación gráfica. Frente a lo que ocurre en muchos de sus croquis, en este caso no se rotularon las orientaciones. Tan solo se esbozó el curso del río Guadalquivir como si de un foso del castillo se tratase, inmediato al muro más frontal y contorneando los dos torreones de esquina situados en primer plano.
Las inconsistencias en el dibujo de Ximena Jurado no solo conciernen al sistema de representación gráfica escogido, sino a la propia fisonomía, materialidad constructiva, dimensiones, disposición y orientación de este recinto fortificado. Los “cien pasos de a cinco tercias de quadrado” del castillo corresponderían a 34,85 m de lado (Eslava 1988Eslava Galán, J. 1988: “Fortines bereberes en al-Andalus”, Cuadernos de estudios medievales y ciencias y técnicas historiográficas, 14-15, pp. 97-113.: 99), pero en realidad las rectas del trapecio que forma su planta tienen dimensiones mucho menores, oscilando entre 11,05 m la menor y 21,40 m la mayor. Si se compara con el caso del Castillo de Marmolejo, la propia indefinición de los datos que aportó en la escueta descripción que acompaña al croquis vienen a señalar que no conoció estos restos de primera mano.
En su Catálogo de los obispos de las iglesias catedrales de Jaén y anales eclesiásticos de este obispado de 1654, indicó que:
La Aragonesa, que por otro nombre, mas antiguo al parecer, se llama también Bretaña, es vn castillo arruinado en el sitio de vna antigua población, cuyos cimientos de edificios se ven en la ribera Meridional de Guadalquivir… Y parece que fue aqui el Lugar que Plinio en el libro 3, capitulo 1 llama Sitia
(Ximena Jurado 1654Ximena Jurado, M. de. 1654: Catálogo de los obispos de las iglesias catedrales de Jaén y anales eclesiásticos de este obispado. Edición facsímil, estudio preliminar e índicesJ. Rodríguez Molina y M.ª J. Osorio López (1991). Editorial de la Universidad de Granada, Colección Archivum, Granada.: fol. 177).
El Castillo de Bretaña se localiza junto a varios despoblados. El más cercano está inmediato a su frente occidental, desarrollándose entre la fortaleza, el río Guadalquivir y el arroyo de la Magdalena. En el olivar que ocupa este entorno se encuentran diseminados vestigios arqueológicos que darían crédito a las referencias del “paño de pintura” del siglo XVIII acerca de la existencia de restos junto al castillo (Fig. 6, n.º 18), donde también se dibujó un manantial en la cabecera de este arroyo, rodeado por lo que podría haber sido una obra de represamiento o de encauzamiento de agua (n.º 31). La existencia de este nacimiento, hoy agotado, podría explicar el lugar escogido para establecer dicho asentamiento.
En el basamento del muro meridional del cortijo adosado al cortijo, y en su prolongación en la terraza que le antecede, hay hasta 6 hiladas enripiadas de sillares más o menos paralelepípedos, con varias formas y dimensiones, que en algunos casos superan en tamaño a los de la torre del homenaje, por lo que podrían tratarse de piezas de acarreo. En el entorno cercano hay pequeños afloramientos en los que se ha extraído desde antiguo la “piedra molinaza”, nombre con el que se denomina a una arenisca de tonos rojizos presente en este tramo del Alto Guadalquivir (Clementson 2012Clementson Lope, J. A. 2012: Caracterización de las propiedades de la arenisca roja de Montoro, sus alteraciones y su aplicabilidad para la construcción. Tesis doctoral, Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad de Córdoba.), a una cota en torno a los 200 m s. n. m. De entre ellos, destacan los frentes de extracción cercanos al Castillo de Bretaña, a unos 500 m al oeste, en ambas márgenes de la zona baja del arroyo de la Magdalena. Otras dos canteras se encuentran a menos de 2 km, la del arroyo Andújar al sur y la del Cortijo de Santa Inés al norte.
El castillo se emplazaría a unos 250 m al norte de uno de los caminos que remontaban el río Guadalquivir, conocido como camino de la Aragonesa. Es el que más se adentra en el Sitio de Bretaña tras separarse de la vía Augusta en Villa del Río, para pasar junto a varios yacimientos arqueológicos situados en el entorno del arroyo Andújar (Serrano et al. 1990Serrano Peña, J. L., Coba González, B. E., Rísquez Cuenca, C. y Montilla Pérez, S. 1990: “Prospección arqueológica superficial en el término municipal de Marmolejo (Jaén)”, en Anuario Arqueológico de Andalucía, 88. III. Actividades de Urgencia. Informes y Memorias, pp. 164-166. Conserjería de Cultura y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, Sevilla.: 165-166), donde también se emplazó una alquería medieval (Fernández y Fernández s/a). Se encuentran a unos 1,5 km al suroeste del Castillo de Bretaña y fueron señalados en el “paño de pintura” con los números 15, 16 y 17 (Figs. 3 y 6).6
A 2,15 km al noreste del castillo se encuentra el importante yacimiento de “La Aragonesa”, en el que también se implantó una alquería en su última fase de ocupación (Ruiz y Molinos 1989Ruiz Rodríguez, A. y Molinos Molinos, M. 1989: “Fronteras: un caso del siglo VI antes de nuestra era”, Arqueología Espacial, 13, pp. 121-135.; Serrano et al. 1990Serrano Peña, J. L., Coba González, B. E., Rísquez Cuenca, C. y Montilla Pérez, S. 1990: “Prospección arqueológica superficial en el término municipal de Marmolejo (Jaén)”, en Anuario Arqueológico de Andalucía, 88. III. Actividades de Urgencia. Informes y Memorias, pp. 164-166. Conserjería de Cultura y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, Sevilla.: 164-165, n.º 61). Dicho yacimiento fue rotulado en el “paño de pintura” como Peña del Cuervo (Fig. 3, n.º 73).
Por tanto, el Castillo de Bretaña quedó emplazado entre tres poblamientos rurales cercanos al río Guadalquivir, interconectados por vía terrestre. En consecuencia, podría haber constituido un reducto para proteger a los habitantes de estas alquerías y sus ganados, especialmente a los que moraban junto a sus muros.
3. ESTRUCTURAS EMERGENTES CONSERVADAS
⌅El Castillo de Bretaña presenta la planta de un trapecio irregular. Por ahora no se disponen de datos que puedan explicar esta singularidad en su traza, pues el lugar en el que se asentó constituye una suave ladera ascendente desde el arroyo de la Magdalena en la que aparentemente no hay ningún condicionamiento topográfico para determinar este modo de implantación. De hecho, el recinto fortificado no ocupa ni tan siquiera la parte más elevada de esta loma. Una intervención en este yacimiento podría arrojar datos sobre esta aparente anomalía.
Cuenta con una torre del homenaje cuadrangular de tres niveles en la zona noroeste y otros tres torreones circulares macizos hasta el nivel del adarve en el resto de esquinas (Fig. 7). Ximena Jurado lo dibujó con un cuarto torreón en el lado noroeste (Fig. 2, derecha), hecho que no era visible en la primera mitad del siglo XVII, pues, de haber existido, habría sido suplantado en la Edad Media por la torre principal que cortó el lienzo de la muralla suroeste. Con posterioridad a la representación de esta fortificación en el “paño de pintura” de mediados del siglo XVIII (Fig. 6), se habría adosado un caserío en el muro noreste, llegándose a compartimentar el recinto intramuros con otras dependencias anexas.
La entrada original al recinto estuvo situada en la parte central del muro noreste, pues sobre el vano de acceso al patio desde el caserío adosado a dicho lienzo se han conservado trozos de ladrillo encastrados en el tapial, que, por la disposición de sus improntas, podrían haber formado parte de una bóveda de hojas inclinadas en el arranque con lechos oblicuos (hojas cónicas), situada en el interior de una torre-puerta que ha desaparecido (Fig. 8). En la parte superior de este alzado, que está sin enlucir, no se aprecian improntas del contacto murario entre esta estructura de acceso y la muralla del recinto. Sí se observa una mejor conservación de la cara de la tapia que contornea este vano. Este hecho manifiesta que estuvo protegida al quedar en el espacio interior de dicha defensa de la entrada. En este sentido cabe citar los casos de dos fortalezas posiblemente almohades con una puerta protegida con acceso en recodo junto al Oued Yquem (Thouvenot 1932Thouvenot, R. 1932: “Une forteresse musulmane sur l’Oued Yquem”, Hespéris Archives berbères et bulletin de l’Institut des Hautes-Études Marocaines, XV(1), pp. 127-135.: 129 y 132) y en Dchîra (Thouvenot 1933Thouvenot, R. 1933: “Une forteresse almohade près de Rabat : Dchîra”, Hespéris Archives berbères et bulletin de l’Institut des Hautes-Études Marocaines, XVII (1), pp. 59-88.: 66), esta última concebida como un morabito constituido por un rectángulo casi regular de 286,50 y 277 m en los lados mayores y 115 y 113 m en los menores.
Los muros de tapial hormigonado que se han conservado entre las torres tienen un promedio de 1 m de espesor, salvo el muro de mampostería desaparecido que existió al noroeste, cuyos exiguos restos tienen 1,20 m. El adarve habría ocupado aproximadamente la mitad del grosor en todos los casos. Los lienzos sureste, suroeste y noreste conservan visibles hasta 6 cajones de tapia con medidas que varían entre 0,81 y 0,90 m, con muchas de ellas en torno a 0,82 m, alcanzando unos 4,80 m de altura. Estuvieron almenados, conservándose algunos vestigios en los muros sureste y suroeste. Aunque están muy deterioradas y no conservan indicios de un posible remate piramidal, a las almenas se les ha otorgado unas dimensiones en planta de unos 0,65 × 0,50 m y una separación en torno a los 0,50 m (Eslava 1988Eslava Galán, J. 1988: “Fortines bereberes en al-Andalus”, Cuadernos de estudios medievales y ciencias y técnicas historiográficas, 14-15, pp. 97-113.: 97-98; 1999Eslava Galán, J. 1999: Los castillos de Jaén. Universidad de Jaén y Papiro (Ediciones Osuna), Armilla.: 103). En algunas de ellas se observan algunos huecos muy deformados en su cuerpo bajo, que podrían haber correspondido con saeteras.
Los tres torreones que se han conservado en las esquinas son de mampostería y planta circular. Se construyeron con posterioridad a los muros de tapial, pues se adosan a ellos sin estar trabados, al menos en la línea de contacto exterior. Se dispusieron bastante adelantados y tienen diámetros diferentes, por lo que sobresalen de los muros entre 1,75 y 2,75 m para favorecer el flanqueo.
El torreón más meridional tiene un diámetro de 4,50 m en la base y 3,90 m en su línea de rotura superior, conservando un alzado visible de 8,10 m, que llega a elevarse unos 2,50 m de altura sobre el nivel del adarve. Cuenta con una pequeña estancia de 1,50 m de diámetro que deberá estudiarse arqueológicamente para ver si fue concebido así en el momento de su construcción o si corresponde a una apertura posterior. Presenta una peculiar forma troncocónica, con la generatriz curva a partir de los 4 m aproximadamente (Fig. 9).
Su curioso perfil ha sido considerado como arcaizante al compararlo con el de algunas torres construidas en adobe en Marruecos, como la de la postrera madrasa de Taakilt en el valle del Drâa (Eslava 1988Eslava Galán, J. 1988: “Fortines bereberes en al-Andalus”, Cuadernos de estudios medievales y ciencias y técnicas historiográficas, 14-15, pp. 97-113.: 98; 1999Eslava Galán, J. 1999: Los castillos de Jaén. Universidad de Jaén y Papiro (Ediciones Osuna), Armilla.: 104 y 489), o con el de los torreones cuadrados de la cerca almorávide de Jaén (Cerezo y Eslava 1989Cerezo Moreno, F. y Eslava Galán. J. 1989: Castillos y Atalayas del Reino de Jaén. Nuevo álbum de dibujos. Riquelme y Vargas Ediciones, Jaén.: 196). Su forma ha sido también referida como “bitroncocónica, es decir, con un ensanchamiento a media altura, característica constructiva aún poco estudiada, y sin cronología segura” (Salvatierra 1995Salvatierra Cuenca, V. 1995: “La Aragonesa”, en V. Salvatierra Cuenca (ed.), Guía Arqueológica de la campiña de Jaén, pp. 83-86. El Legado Andalusí, Jaén.: 84). Un caso con un desarrollo aparentemente similar y aparejo de mampostería lo podemos encontrar en la soriana Atalaya del Tiñón o de Almanzor, situada en el paraje del Quiñón en Rello. Cuenta con unos 9 m de altura y muros de más de 1 m de espesor. Su diámetro en la base tiene unos 5 m y en la coronación se reduce en torno a la mitad, presentando 3 niveles interiores, con la planta baja a 4,60 m de altura. Se ha asociado al sistema andalusí de protección de las rutas militares de Medinaceli a Gormaz en el siglo X (Cobos y de Castro 1998Cobos Guerra, F. y de Castro Fernández, J. J. 1998: Castilla y León. Castillos y Fortalezas. Edilesa, León.: 41).
Los otros dos torreones son cilíndricos y tienen un diámetro algo menor en la base. El que está situado en la esquina septentrional se adosó al desaparecido muro de mampostería que se construyó previamente en este frente noroeste. Cuenta con 4,00 m y una altura conservada de unos 4,35 m sobre el nivel actual del terreno, sobresaliendo apenas unos 0,75 m sobre el adarve. El del ángulo más oriental es el más esbelto, no solo por tener 3,50 m de diámetro, sino por haber conservado más de 9,30 m de altura visible, elevándose unos 3,50 m sobre el nivel del camino de ronda. Sobre este último se habrían dispuesto dos depósitos de agua cilíndricos de fibrocemento, hoy eliminados, pero todavía visibles en fotografías de finales del siglo XX (Salvatierra 1995Salvatierra Cuenca, V. 1995: “La Aragonesa”, en V. Salvatierra Cuenca (ed.), Guía Arqueológica de la campiña de Jaén, pp. 83-86. El Legado Andalusí, Jaén.: 85, lám. 7).
La torre del homenaje rompe la muralla suroeste de tapial de hormigón de cal y fue construida con un ligero desvío hacia el noroeste. Dado que se trazó con una planta casi cuadrada de unos 6,50 m de lado, se replanteó de tal modo que su lado noreste quedase paralelo al muro de tapial del recinto primigenio que ocupa esta misma orientación, lo que obligó a que la torre se desenfilase respecto a la cerca más occidental del castillo. Fue construida con “piedra molinaza” desbastada, colocando sillares en las esquinas e hiladas tendentes a la horizontalidad, realizadas con mampostería regular y lajas entre los hilos. Determinadas líneas superiores manifiestan una ligera directriz curva, sobre todo en los alzados sureste y suroeste, hecho que podría deberse a un asiento diferencial de la torre o a un deficiente replanteo de estas hiladas. Por los enlucidos que se conservan, las piedras se debieron cubrir ampliamente a modo de vitola.
Desde el suelo hasta la terraza habría contado con más de 13 m visibles, y el espesor de los muros llega a alcanzar los 1,85 m. No se han conservado restos del posible parapeto y almenado en la coronación. Tan solo ha subsistido en el lado sureste un canal de desagüe tallado en piedra y restos de los tres canes diagonales de un solo orden y labra sencilla que habría tenido en cada esquina y, al menos, otros cuatro perpendiculares a cada lado. Los indicios conservados parecen apuntar que habría contado con ladroneras interrumpidas entre las partes centrales y las esquinas.
Esta torre principal consta de tres plantas (Fig. 10). La inferior se encuentra a nivel de la rasante del terreno y no habría tenido en su origen aperturas al exterior, quedado conectada únicamente con la primera planta por medio de un agujero circular en la clave de su bóveda baída, hoy sellado y situado a unos 3,95 m del suelo. Los lados septentrional y meridional tienen una longitud de 2,90 m y el oriental y occidental 3,00 m, dimensiones que se reducen a 2,50 y 2,75 m en el contacto de la bóveda con los muros. Este espacio podría haber correspondido al aljibe, aunque por el momento no es posible detectar si contó con conducciones de agua procedentes de la cubierta para realizar su llenado, por lo que también cabría la posibilidad de que se tratase de un almacén o de un silo.
Al primer nivel se accede a través de una puerta rectangular elevada 3,50 m sobre el terreno, situada en la bisectriz del alzado noroeste. Este hueco de entrada tiene 2,50 m de altura y 1,10 m de anchura. Se cubrió con un dintel cuya luz se redujo con la presencia de dos ménsulas de cuarto de bocel. Tras el mismo se dispuso un pasillo de 1,85 m de largo, 1,10 m de ancho y 2,60 m de alto, cubierto con bóveda de cañón. En la jamba occidental se observa el hueco de la tranca de la puerta. La sala del primer nivel es de planta cuadrada, de unos 3,00 × 3,00 m a nivel del suelo, que se estrecha hasta los 2,60 m en la clave de los arcos que se conforman en la intersección de los muros con la bóveda baída de mampostería, con una altura de 4,05 m hasta la clave. En su centro se encontraría la apertura del aljibe de la planta inferior, aunque no se ve en la actualidad por estar cerrada y encontrarse el suelo cubierto de tierra. También se puede acceder al hueco de 1,30 × 0,60 m, elevado 1,90 m sobre el suelo de esta planta, situado en su muro noreste. Desde él parte la escalera de caracol con ascenso dextrógiro que permite acceder a la planta superior y a la terraza. En su arranque contó con tres peldaños de 30 cm de tabica en un tramo recto, que permiten alcanzar una saetera que ilumina este cuerpo de escalera inicial y la primera sala.
Dicha escalera cuenta con un diámetro de 1,40 m en su parte inferior y se va reduciendo paulatinamente hasta los 1,20 m. Sus peldaños tienen un promedio de 23 cm de tabica. El acceso a la estancia del segundo nivel se realiza por un vano conformado en piedra, donde se podría haber colocado una puerta a haces interiores. La sala tiene planta cuadrangular de unos 2,90 × 2,70 m (2,65 × 2,50 m en la parte superior) y está cubierta con otra bóveda baída de mampostería, con una altura hasta la clave de unos 4,25 m. La puerta de conexión con la escalera tiene 1,70 × 0,65 m, presentando un sillar elevado como umbral y dos ménsulas de 20 cm de altura, que en este caso no están resueltas con un cuarto de bocel sino con un chaflán a 45º.
4. SECUENCIA CONSTRUCTIVA EN EL CASTILLO CONSERVADO
⌅Aún no se ha acometido ninguna actividad arqueológica en el Castillo de Bretaña, encontrándose cubierto de vegetación y en ruina progresiva tras el abandono del caserío que se le adosó.7
4.1. Primera fase
⌅El empleo de tapia de hormigón de cal de buena calidad con pequeños y medianos cantos redondeados de los que se encuentran en abundancia en esta zona corresponde a la etapa cronológica I (andalusí), la más antigua de este recinto fortificado. A ellas se adscriben las unidades estratigráficas [1S001] del alzado sureste, [1W001] del suroeste, [1E001] del noreste exterior, [4W001], [4W002], [4W003] y [4W004] de la sección sureste por la nave del caserío adosado, así como las unidades [3W001], [3N001], [3N002], [3S001] y [3S002] del interior del recinto fortificado (Fig. 11).
Esta tapia se ha conservado en los lienzos murarios situados al noroeste, sureste y suroeste, habiéndose perdido el muro inicial que habría cerrado el recinto al noroeste, así como las posibles torres construidas con este material vinculadas a las murallas.
En la cara sureste resultan visibles siete cajas de entre 0,86 y 0,88 m de altura, así como parte de algunas almenas. En el alzado suroeste se observan seis cajas de entre 0,81 y 0,83 m de altura. A partir de una fisura que las recorre de arriba a abajo en diagonal, la horizontalidad de estos cajones bascula hasta inclinarse hacia el torreón de la esquina sur. Esto podría estar generado por un asiento diferencial en este ángulo, inestabilidad que pudo haber motivado la llamativa forma de este torreón de mampostería, al verse obligados sus constructores a aligerar su peso mediante una reducción del diámetro en elevación. Se observa que cada cajón estaba compuesto por tres tableros de entre 25 y 30 cm de altura. Los agujales se encuentran visibles, a distancias horizontales entre 0,75 y 0,82 m en las tres primeras cajas y entre 1,10 y 1,20 m en los dos tapiales superiores. Las agujas son pasantes y no recuperables, tienen forma rectangular con unos 8 × 4 cm. En los que están más degradados se observa la existencia de una piedra más aplanada como dintel. En algunos de ellos aún se conservan las agujas de madera, que con su análisis radiocarbónico podrían aportar datos para la datación de esta fábrica.
La cara exterior del muro noreste se encuentra revestida en los dos tercios inferiores hacia el interior de la nave del caserío contemporáneo. Las cajas parecen presentar una directriz inclinada, según desciende el terreno, encontrándose su altura entre 0,82 y 0,90 m, aunque también hay cajones que podrían tener solo la mitad de altura. En cualquier caso, este alzado tendrá que ser estudiado en profundidad una vez se eliminen los revestimientos e intrusiones ocasionadas con motivo del adosamiento de esta nave.
La técnica constructiva de este tipo de tapia ya habría adquirido cierta madurez desde el siglo XI, pero la gran eclosión edilicia se habría producido en época almohade (Márquez 2018Márquez Bueno, S. 2018: “La tecnología constructiva andalusí: obra encofrada y revestimientos en la arquitectura militar (ss. XI-XIII). El ejemplo de las torres”, Arqueología de la Arquitectura, 15: e076. 10.3989/arq.arqt.2018.007: 11 y 30). En el caso del Castillo de Bretaña se ha indicado que habría sido levantado en época almorávide o almohade (Eslava 1988Eslava Galán, J. 1988: “Fortines bereberes en al-Andalus”, Cuadernos de estudios medievales y ciencias y técnicas historiográficas, 14-15, pp. 97-113.: 99; 1999Eslava Galán, J. 1999: Los castillos de Jaén. Universidad de Jaén y Papiro (Ediciones Osuna), Armilla.: 103; Cerezo y Eslava 1989Cerezo Moreno, F. y Eslava Galán. J. 1989: Castillos y Atalayas del Reino de Jaén. Nuevo álbum de dibujos. Riquelme y Vargas Ediciones, Jaén.: 196). Otros estudios más recientes han comparado las características de estas tapias con las de las murallas construidas en la cercana Andújar a partir de 1170, rehechas por los almohades tras los efectos destructivos de los movimientos sísmicos documentados ese año, que acabaron de arruinar las maltrechas y obsoletas defensas levantadas en esta ciudad finales del siglo IX. Las estructuras construidas en estos momentos presentan una gran homogeneidad, pues están formadas por un tapial muy apisonado obtenido a través de una consistente mezcla de cal, grava y arena. También guarda grandes semejanzas con el empleado en otras fortalezas del Alto Guadalquivir de este momento, como Baños de la Encina, Giribaile, Santa Eufemia o Estivel (Palomino y Castillo 2015Palomino León, J. Á. y Castillo Armenteros, J. C. 2015: Transformaciones urbanísticas de Andújar a través de la muralla medieval. Colección Investigación. Diputación Provincial de Jaén, Instituto de Estudios Giennenses, Jaén.: 26-29).
El recinto fortificado inicial del Castillo de Bretaña habría encerrado un espacio interior de tan solo 190 m2. Cabe la posibilidad de que contase con hasta cinco torres cuadrangulares construidas con esta misma técnica constructiva. Las cuatro esquinas podrían haber sido reforzadas con torreones de flanqueo, aunque sin una intervención arqueológica que permita explorar este particular no se puede dilucidar fehacientemente cuál fue la configuración del recinto andalusí primigenio. Lo que sí muestra la cara exterior del muro noreste es que hacia su punto central se adosó lo que podría haber constituido una torre-puerta (UE 4W004).
Por su reducido tamaño, también cabría plantear la posibilidad de que este recinto fortificado hubiese sido construido inicialmente sin torreones en sus ángulos, o al menos en todos ellos, como pasa en otros casos como el fortín de El Villar de Olías (Oria). De ser así, podría haber contado con una torre mayor, tal vez en la esquina noroeste, como precedente de la construcción en piedra de la torre del homenaje señorial que ha llegado a nuestros días. De esta forma, el modelo podría asemejarse al del Castillo de la Atalaya de Villena (Almagro et al. 2014Almagro Gorbea, A., Soler Estrela, A. y Soler Verdú, R. 2014: “La torre almohade de Villena (Bilyana) y sus bóvedas de nervios entrecruzados. Análisis formal y constructivo”, Anales de Historia del Arte, 24, pp. 9-35. 10.5209/rev_anha.2014.v24.47176), salvo que la torre ocupara el lado central de uno de los frentes menores.
Los espesores de los lienzos murarios van desde los 1,20 m en el frente noroeste a tan solo 1 m en los paños sureste, noreste y suroeste. El primero de estos corresponde a una refacción en mampostería del muro primigenio edificado en tapial, al que se le adosó la torre circular de la esquina oriental.
La muralla noreste podría haber tenido una longitud interior de 19,85 m y unos 21,40 m por el exterior. El paramento sureste mide 12 m hacia el interior y en torno a 14,25 m hacia afuera. El que se sitúa al suroeste podría haber contado con unos 16,70 m por el interior, más o menos 18,55 m extramuros. El que lo habría cerrado inicialmente por el noroeste antes de su sustitución por otro de mampostería, podría haber contado con unos 9,15 m por el interior y unos 11,05 m por el exterior.
Además de la similitud con las fábricas conservadas de las murallas almohades de Andújar, esta primera fase del Castillo de Bretaña tiene paralelos con otros ejemplos. Uno de los más conocidos es el Castillo de El Vacar (Espiel), formado por un gran recinto rectangular con ocho torres, de aproximadamente 66,00 × 52,70 m, aunque ligeramente deformado hacia el trapecio, debido a que su frente suroeste es casi 5 m más corto que el noreste (Almagro s/a: planos n.º inv. 316_01 y 316_02). Encierra una superficie interior en torno a 3114 m2, unas 16 veces más grande que el de Bretaña, contando además con un mayor espesor de sus muros, entre 1,60 y 1,70 m. Lo que sí tienen en común ambos recintos son los módulos de los cajones de la tapia, entre 0,85 y 0,90 m de altura en El Vacar, de 0,81 a 0,90 m en el caso del de Bretaña. La separación de las agujas alcanza los 0,80 m en horizontal, medidas que son más dispares en el Castillo de Bretaña, entre 0,65 y 0,80 m, llegando a sobrepasar 1 m en los cajones más altos. Al igual que en El Vacar y en otras fortificaciones almohades, hay presencia de tablas planas con similar tamaño en el interior de los agujales, con ausencia total de maderos rollizos (Córdoba 2004Córdoba de la Llave, R. 2004: “Fortificaciones Almohades de la provincia de Córdoba”, en M. Valor Piechotta, J. L. Villar Iglesias y J. Ramírez del Río (coords.), Los almohades. Su patrimonio arquitectónico y arqueológico en el sur de al-Andalus, pp. 124-126. Consejería de Relaciones Institucionales de la Junta de Andalucía, Sevilla.).
4.2. Segunda fase
⌅El siguiente periodo edilicio se produciría tras caer esta fortificación en manos castellanas, en un primer momento de la etapa cronológica II. La medina de Andújar, en cuyo alfoz se situaba el recinto de Bretaña, ya fue conquistada en 1147 por Alfonso VII de Castilla, por lo que los almohades reforzaron sus murallas al tomarla años después y tras los destructivos terremotos de 1170. Esta prematura presión castellana en este sector estratégico del valle del Guadalquivir pudo ocasionar la construcción de estos recintos defensivos jalonando el camino entre Montoro y Andújar, entre los que podrían encontrarse el de Bretaña y posiblemente también el de Villa del Río, la Aragonesa y Marmolejo.
Fernando III ganaría definitivamente Andújar en 1225 por medio de un pacto con el emir de Baeza, ‘Abd Allāh Abū Muḥammad al-Bayyāsī, convirtiéndola en ciudad realenga castellana. Constituyó un punto neurálgico en las campañas de conquista del valle del Guadalquivir y la Baja Andalucía, culminado con la conquista de Sevilla en 1248 (Martínez 2000Martínez Díez, G. 2000: “La Conquista de Andújar: su integración en la Corona de Castilla”, Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, 176, pp. 615-644.). En su jurisdicción se incluyeron también los recintos fortificados existentes en las aldeas de Villanueva de Andújar (hoy de la Reina) y Marmolejo, así como los de la Aragonesa y Bretaña, situados todos ellos al otro lado del río Guadalquivir. Dada la dificultad de socorro de estos lugares en los momentos de mayor conflictividad con el reino nazarí de Granada, la población del entorno tendría que refugiarse en estos pequeños castillos (Toral 1993Toral Peñaranda, E. 1993: Pedro de Escavias. Notas para un estudio de su obra y vida en Andújar. Instituto de Estudios Giennenses, Jaén.: 39). Tras la conquista completa del valle del río Guadalquivir y la conformación de la frontera con Granada a partir del pacto de Jaén en 1246, los dos siglos siguientes no solo estuvieron marcados por la inestabilidad fronteriza, sino también por las guerras civiles entre la monarquía y la nobleza castellano-leonesa, que tuvo una amplia repercusión en esta zona jiennense, especialmente en el territorio de Andújar.
Así, ya en el último cuarto del siglo XIII estas tierras sufrieron una gran inseguridad a raíz del conflicto sucesorio de Alfonso X tras la muerte de su primogénito en 1275 y las aspiraciones al trono de su segundo hijo Sancho IV, quien se hizo fuerte en Córdoba. A finales del verano de 1282, la cuarta expedición de tropas del sultán meriní Abū Yūsuf Ya‘qūb ibn ‘Abd al-Ḥaqq, al servicio de Alfonso X, asediaron Córdoba. Tras ello se produjeron incursiones por las cercanas tierras de Andújar (Manzano 2014Manzano Rodríguez, M. Á. 2014: “De nuevo sobre la invasión de los meriníes en la península ibérica: precisiones e ideas”, en M. A. Barea y M. Romero (eds.), 750 Aniversario de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla: 1264-2014, pp. 47-63. Ayuntamiento de Jerez-Universidad de Cádiz [Colección Patrimonio], Jerez de la Frontera.: 55-56). Desde este mismo año también está atestiguada la presencia de partidos de golfines en Sierra Morena. A fines de esa centuria, el monarca nazarí Muḥammad II llevó a cabo una entrada en 1297 en la que derrotó en Andújar al infante de Castilla don Enrique, hijo de Sancho IV (Gómez 2015Gómez Martínez, E. 2015: “Andújar en el siglo XV. Una aproximación”, en F. Toro Ceballos (coord.) y C. Moya García (dir.), Los reinos peninsulares en el siglo XV. De lo vivido a lo narrado. Encuentro de investigadores: Homenaje a Michel García, pp. 119-127. Asociación Cultural enrique Toral y Pilar Soler y Ayuntamiento de Andújar, Andújar.: 126).
En 1368, esta ciudad fue defendida por su alcaide Juan González de Priego de Escavias, partidario de Enrique de Trastámara, quien resistió con éxito el ataque de las tropas nazaríes, aliadas de Pedro I de Castilla, tras tomar y saquear Úbeda y Jaén (Eslava y Córcoles 1980Eslava Galán, J. y Córcoles de la Vega, J. V. 1980: “Las fortificaciones medievales de Andújar”, Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, 102, pp. 9-40.: 14-15).
Un año después, durante el gobierno de Enrique II (r. 1369-1379), Andújar pasó a ser un señorío, viéndose beneficiadas también las órdenes militares. Juan I (r. 1379-1390) concedió esta ciudad en 1383 a León V, último soberano del reino armenio de Cilicia, tras mediar por su liberación en 1382 a raíz de su encarcelamiento por los mamelucos en El Cairo. Este personaje cobró las rentas de Andújar hasta su muerte en 1393.
Durante ese periodo, Ruy González Mesía, vinculado a la Orden de Santiago, compró en 1385 el “Castillo que decían de la Aragonesa, con todo su Heredamiento”.8
También durante las etapas de Enrique III (r. 1390-1406) y Juan II (r. 1406-1454), Andújar siguió cambiando de señor según los designios reales (Gómez 2015Gómez Martínez, E. 2015: “Andújar en el siglo XV. Una aproximación”, en F. Toro Ceballos (coord.) y C. Moya García (dir.), Los reinos peninsulares en el siglo XV. De lo vivido a lo narrado. Encuentro de investigadores: Homenaje a Michel García, pp. 119-127. Asociación Cultural enrique Toral y Pilar Soler y Ayuntamiento de Andújar, Andújar.: 122).
La continua amenaza por ataques armados a la que se veían sometidas estas poblaciones podría haber motivado el refuerzo y la adaptación poliorcética del Castillo de Bretaña ya desde épocas tempranas tras la conquista. De este modo se habrían introducido torres de mampostería con planta circular en las esquinas del recinto previo, posiblemente como sustitución de otras anteriores, previsiblemente cuadradas y realizadas en tapia de hormigón de cal. Las tres circulares que se han conservado tienen dimensiones distintas, aunque su técnica constructiva es similar.
A este segundo momento de la fortificación podrían adscribirse las unidades estratigráficas correspondientes a dichas tres torres de flanqueo en las esquinas con planta circular, entre otras la [1S002] y [1S003] del alzado sureste, la [1N001] del alzado noroeste, la [1W002] del alzado suroeste y la [1E002] y [1E003] del alzado noreste exterior (Fig. 12). Todas ellas se adosan a las fábricas de tapial hormigonado de cal referidas en la fase anterior, por lo que son posteriores al momento fundacional del recinto fortificado. Están construidas con hiladas de mampuestos de tamaño medio, apenas careados y con gran cantidad de ripio. En general, han conservado amplias zonas con enlucido de cal y no parecen observarse huecos procedentes del sistema de andamiaje empleado para su construcción, por lo que pudieron ser tapados con piedras tras su utilización. Dado que son ligeramente diferentes, se ha postulado que no fueron levantadas en un mismo momento (Salvatierra 1995Salvatierra Cuenca, V. 1995: “La Aragonesa”, en V. Salvatierra Cuenca (ed.), Guía Arqueológica de la campiña de Jaén, pp. 83-86. El Legado Andalusí, Jaén.: 84-85). La más septentrional parece mejor construida que las anteriores, con hiladas más algo más regulares, entre 15 y algo más de 25 cm de altura, entre las que se intercalan abundantes ripios. Se encuentra más descarnada que las del frente meridional, presentando restos de enlucidos más modernos, similares a los que aplicaron en el muro mixto de tapia con verdugadas de ladrillo y encadenados laterales de piedra que se le adosó por el oeste. Esta torre cilíndrica se adosa a los exiguos restos que emergen del muro de mampostería situado al noroeste [3S008], que es diferente a los otros tres de tapia y pudo discurrir justo por delante de la torre del homenaje. Este hecho podría estar indicando que esta sería la más tardía de entre las torres de esquina.
En la torre del ángulo meridional los mampuestos se disponen en hiladas poco cuidadas, con piedras sin carear e incluso grandes cantos rodados de los barrancos cercanos, de entre 10 y 20 cm de altura. El mortero tiene abundante cal y conserva buena parte del enlucido, sobre todo en su cara este, donde llegaba a cubrir ampliamente la cara externa de los mampuestos, en algunos casos por completo. En la rotura que presenta se observa cómo el interior estaba relleno de manera informe con cantos rodados de diferentes tamaños, aglomerados con mucha cal. Entre el ripiado hay un sector situado a unos 6 m de altura en el lado este en el que aparecen fragmentos de tejas.
Al igual que en el anterior, en la torre de la esquina oriental las hiladas están muy desdibujadas, presentando mampuestos cuyas alturas oscilan entre 10 y 25 cm. Contienen abundantes lajas pétreas tanto en horizontal como en vertical, rellenando los intersticios entre los mampuestos.
También en esta fase se habría elevado la altura de los muros del recinto, tapando las almenas y los merlones por medio de un parapeto de aproximadamente 0,50 m de espesor, realizado con lo que parece ser un calicanto de mampuestos de tamaño medio. De este paramento ha subsistido el arranque en las torres sur y este (unidades estratigráficas vistas desde el exterior [1S004], [1S006], [1W003] y [1E004]), que presentan continuidad con las de las torres de esquina y también se adosan a la fábrica de tapia hormigonada de cal de la primera fase, así como las que rellenan los huecos entre almenas (como en el caso de la [1S005]). Parece ser que el camino de ronda existente previamente podría haberse mantenido al mismo nivel, lo que habría obligado a realizar pequeñas aperturas que funcionasen como saeteras, o a reaprovechar las que existieran en época andalusí en la parte baja de las almenas. En tal caso, cabría preguntarse si se habría dispuesto otro nivel de circulación más elevado, tal vez desarrollado con plataformas de madera. Otra opción más plausible es que estos parapetos solo se limitasen a las zonas inmediatas a las torres, pues es ahí donde se han conservado en la parte meridional del recinto, con la función de proteger una posible escalera para ascender hasta la terraza de las torres.
4.3. Tercera fase
⌅En un momento bajomedieval más tardío de la etapa cronológica II (castellana) se edificó la torre del homenaje con carácter señorial, que constituye el elemento más visible de todo el recinto (Fig. 13). No cuenta con escudos o inscripciones en sus fachadas que denoten autoría. Tampoco se ha podido localizar ninguna marca de cantería en sus sillares.
Esta torre está mejor elaborada que las demás, con “piedra molinaza” de tonos claros y alguna intrusión pétrea más rojiza, todas ellas trabajadas, especialmente en las piezas que conforman las jambas, dinteles y ménsulas en cuarto de bocel. Aun se pueden observar las marcas del pico utilizado para desbastarlas y carearlas tanto en los sillares de esquina como en los mampuestos de las hiladas, que tienen una altura de entre 25 y 40 cm. Los hilos se ajustan con bastante aproximación a la alineación marcada por los sillares, que fueron tallados en sus dos caras visibles, pero dejando los cantos laterales más irregulares.
El alzado noroeste [3S010] es el principal de la torre del homenaje (Fig. 13, abajo). Al construirlo, se habría adosado o destruido el muro de mampostería que tuviese continuidad con las unidades estratigráficas 3S005 y 3S006, a las que se adosó la torre de la esquina norte de la segunda fase [1N001], que a su vez corta al muro de tapia hormigonada de cal del alzado noreste [4W001] de la fase y etapa I. Por tanto, sería posterior a las torres circulares de esquina, pudiendo además haber destruido una de ellas en la esquina occidental. Aunque actualmente existe discontinuidad entre estas fábricas, podrán reconocerse los contactos con la exhumación de la cimentación del muro del que forman parte las unidades estratigráficas [3S008] y [3S009], que debe de conservarse delante del alzado noroeste.
Por el momento, no resulta posible contar el número de hiladas que tuvo este alzado, dado que desde la n.º 27 desde el can superior que sostuvo a la ladronera se encuentra enlucida y más alterada por el adosamiento de un espacio que estuvo cubierto por placas onduladas de fibrocemento. Conserva parte de los enlucidos de mortero de cal que pudieron aplicársele en su construcción en las juntas de las hiladas que quedan por debajo de la saetera. El doble orden de canes de 30 cm de altura se ha conservado en la parte central de este alzado, a 2,55 m de la esquina oeste de la torre. El inferior podría haber tenido un vuelo en su cara superior de unos 0,45 m, pues se conserva casi entera su moldura curva. El superior por el contario se encuentra fragmentado, pero podría haber sobresalido unos 0,75 m sobre el plomo de la torre, al descansar en el inferior en más de la mitad de su vuelo.
Cuenta con dos huecos, el de la entrada y una saetera sobre él. El acceso a la torre se habría situado a más de 3,80 m sobre la rasante actual del terreno. Tiene unas dimensiones de 0,63 × 0,15 m y está conformado por mampuestos con las caras laterales escasamente labradas, como en el alzado anterior. El hueco de entrada se encuentra relativamente bien conservado salvo en la zona definida por el umbral. Habría tenido un tamaño de 1,86 × 0,69 m, aunque actualmente se observan dos peldaños informes como consecuencia de la rotura de la parte inferior en unos 0,65 m. La altura visible de este vano coincide con el nivel del pasillo de entrada a la sala, si bien podría haber contado con una hilada inferior a la manera de un umbral, a tenor de la rotura que se aprecia en esta hilada por debajo del nivel de jamba. Tiene perfectamente conservadas las 5 hiladas superiores de ambos lados, hasta alcanzar las ménsulas de cuarto de bocel de unos 25 cm de altura, que reducen la luz del dintel a unos 0,36 m. Este último está conformado por un sillar de 1,15 × 0,35 m, bien tallado en la cara superior, inferior y derecha, pero más tosco en la izquierda. No resulta visible ninguna inscripción en estas piedras más labradas, aunque en el dintel se vislumbran unos trazos verticales que deben ser analizados para ver si corresponden a hendiduras erosionadas de algún entalle en la piedra. No se observan otros huecos que pudieran proceder del sistema de andamiaje de la torre, pero en algunas hiladas (n.º 6, 14, 22), separadas en torno a 2,25 m, existen piedras de 20 × 25 cm de tonalidad más rojiza, por lo que pudieron haberse introducido posteriormente para cerrar estos huecos.
El alzado sureste [UE 3N006] (Fig. 13, arriba) corta al muro de tapial hormigonado de cal de la primera fase, situado al suroeste del recinto fortificado [UE 3N001], tal y como puede apreciarse en el contacto entre ambas fábricas, por tanto, es posterior a la etapa andalusí. Podría haber contado con más de 43 hiladas desde el can inferior del matacán de cubierta hasta el nivel del patio actual, aunque las inferiores no son fácilmente reconocibles por verse reparadas con cascajo y repelladas con cemento portland. Ha conservado indicios de los 3 canes frontales y 2 de los angulares para sostener el matacán de las esquinas. Los centrales están separados en torno a 0,75 m, habiéndose conservado uno con doble orden de canes de 30 cm de altura, que, al igual que en el alzado noroeste, podrían haber generado un vuelo total de unos 0,75 cm. Por el hecho de haberse conservado una pieza tallada de 30 × 25 cm entre los dos canes más orientales, correspondiente a un canal de desagüe de aguas de la cubierta de unos 10 cm de anchura, la hilada superior de canes podría haber sido la última. La separación entre los centrales es de 1,30 y 1,40 m con los que se abren en diagonal al oeste y este para desarrollar el voladizo sobre las esquinas. Esta separación podría estar indicando que el matacán no era continuo en todo el perímetro, sino que se veía interrumpido entre la parte central y las esquinas.
Esta fachada sureste contó originariamente con una única apertura, correspondiente a una saetera de 0,65 × 0,25 m, de forma análoga a los otros alzados. También presenta restos del enlucido de la torre en buena parte de las hiladas bajo esta ventana, conservándose en algunos el bisel para envitolar a los mampuestos. La hilada n.º 30 quedaría al nivel de los vestigios conservados de las almenas de la fábrica andalusí de tapia, tres 3 más abajo a ras del adarve, después cubierto con teja curva. A esta cota se inicia el encalado que denota que estuvo cubierto en momentos recientes. Se pueden apreciar restos de cemento portland que marcan la inclinación de un tejado de placas de fibrocemento, apoyado en las tejas que se colocaron sobre el adarve y el tabique de ladrillo hueco doble que acomete a la torre en su esquina este.
El gran hueco de unos 2,75 × 1,00 m que se encuentra a nivel del patio del recinto, ligeramente excéntrico hacia la esquina oriental de la torre, rompió la fábrica original. Posteriormente fue reconformado con mortero de cemento portland, que se ha deteriorado en la parte superior de su jamba derecha.
En el alzado noreste [1E005] también resultan visibles 41 hiladas desde los canes inferiores hasta el suelo, que se encuentra cubierto por gran cantidad de maleza. Ha conservado gran cantidad de los enlucidos a la manera de juntas resaltadas que envitolan los mampuestos y los sillares. Los más geométricos que pueden observarse en las zonas inferiores de este alzado, junto a la esquina septentrional, podrían ser de factura más reciente. Se desarrolla hasta la hilada n.º 30 por encima del alzado conservado de tapial en el muro de cierre del recinto al que es paralelo. En este alzado solo es posible reconocer con claridad los restos de los canes diagonales que sostenían el matacán en las esquinas y otros dos que podrían haber estado a 0,75 y 1,20 m respectivamente de los de las esquinas meridional y septentrional respectivamente. Sin embargo, actualmente no es posible localizar ningún otro indicio en la parte central del alzado, por lo que puede que no se hubiera conformado una ladronera en este lugar, frente a lo que ocurrió en los alzados sureste y noroeste. Esto podría estar indicando que en los frentes suroeste y noreste habrían sido prolongados un poco más los matacanes de esquina hacia el interior de estos alzados, pero sin llegar a desarrollar uno específico en la parte central. Su saetera tiene forma trapezoidal (0,70 m de altura, 0,25 de anchura en la parte superior y 0,35 en la inferior) y se encuentra más baja que la de los otros alzados, pues estuvo vinculada con la escalera de caracol en su primer tramo, permitiendo iluminar incluso el interior de la sala inferior.
La cara suroeste [1W007] puede contemplarse en todo su alzado desde el exterior, pues su robusto muro conforma parte del cierre del recinto fortificado. Se observan sobre el terreno 42 hiladas hasta la línea inferior en la que se dispusieron los canes para sostener los matacanes de la terraza. Se han conservado tres fracturados, pero aún encastrados en la fábrica de la torre, dos en la esquina meridional y uno de los que pertenecería a la zona central, separado 1,20 m de primero de la esquina. Esta cara de la torre presenta una estrecha saetera de 0,63 × 0,07 m, desplazada hacia la parte septentrional del alzado, en las que los mampuestos que hacen de jamba están toscamente labrados. En torno a ella la disposición de las hiladas acusa una ligera curva descendente. En la zona meridional de la hilada n.º 8 comenzando desde arriba se observa un hueco cuadrangular de 20 × 20 cm que tal vez podría haber estado relacionado con el sistema de andamiaje para construir este alzado.
La construcción de la torre del homenaje del Castillo de Bretaña vino a alterar la configuración del recinto fortificado. En primer lugar, se vio comprometido el trazado del lienzo noroeste. Por el arranque que se conserva del muro de mampostería recubierto por el torreón de la esquina norte, la torre principal se podría haber adosado al mismo. Este hecho no puede comprobarse actualmente, pues presenta un encalado en el tercio inferior del alzado que impide reconocer posibles improntas del contacto entre las dos fábricas. La presencia de la puerta de entrada en esta cara parece desaconsejar un uso simultáneo de ambas estructuras por motivos de seguridad, aunque también se ha planteado que este muro fuese el que diese acceso al interior de la torre desde el propio adarve (Salvatierra 1995Salvatierra Cuenca, V. 1995: “La Aragonesa”, en V. Salvatierra Cuenca (ed.), Guía Arqueológica de la campiña de Jaén, pp. 83-86. El Legado Andalusí, Jaén.: 85). La posición del vano de acceso elevado resulta anómala, pues para ofrecer más protección a esta torre principal podría haberse abierto hacia el patio, ya fuese en la cara noreste o en la sureste, pero no hay ningún indicio en la fábrica pétrea de que así hubiese sido. El hecho de haberse materializado en la cara más septentrional lleva a pensar en el establecimiento de un nuevo espacio intramuros, ampliando el recinto fortificado hacia esa zona, que por ende es la que resulta más vulnerable por la ladera ascendente.
Una intervención arqueológica en este sector podrá determinar la existencia o no de una cuarta torre circular en la esquina occidental, tal vez amortizando a otra anterior de época andalusí. De haber existido, habrían sido alteradas con la construcción de la del homenaje. También podrían aparecer indicios del recorrido del muro noroeste del recinto andalusí y su posible refacción castellana, cuya cimentación podría conservarse por delante de dicha torre principal, comprobando a su vez si esta pudo haberse asentado sobre otra previa. De igual modo se podría determinar si el lienzo más septentrional conservado, de factura moderna, está asentado sobre otro previo.
Se ha postulado que esta torre del homenaje habría sido construida a finales del siglo XIII o principios del XIV (Eslava 1988Eslava Galán, J. 1988: “Fortines bereberes en al-Andalus”, Cuadernos de estudios medievales y ciencias y técnicas historiográficas, 14-15, pp. 97-113.: 99; Cerezo y Eslava 1989Cerezo Moreno, F. y Eslava Galán. J. 1989: Castillos y Atalayas del Reino de Jaén. Nuevo álbum de dibujos. Riquelme y Vargas Ediciones, Jaén.: 196). También podría ser algo más tardía, pues un posible momento propicio para ser erigida se enmarcaría en la primera guerra civil castellana desarrollada entre 1351 y 1369 por Pedro I de Castilla y su hermanastro Enrique II, en la que se produjo el sitio de Andújar en 1368.
El detalle de las ménsulas en cuarto de bocel que sostienen el dintel de la puerta del Castillo de Bretaña (Fig. 14) puede encontrarse también en otros casos jiennenses como la Torre de Triana o del Batán en Castillo de Locubín o en la Torre de Mengíbar. También resulta visible en algunas atalayas situadas cerca de Alcalá la Real, realizadas tras la conquista castellana definitiva de esta ciudad por Alfonso XI en 1341. Entre ellas se encuentran la Torre del Norte o de Santa Ana y la Torre de Fuente Álamo o del Cortijo de la Torre.
Con la difusión de los matacanes, cuya generalización sobreviene entre la primera mitad del siglo XIV y mediados del XV, las ladroneras suelen quedar circunscritas a la defensa puntual del acceso, los puntos centrales de las torres o las esquinas (Mora-Figueroa 1994Mora-Figueroa Dingwall-Williams, L. de1994: Glosario arquitectura defensiva medieval. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, Cádiz.: 125). Los escasos restos conservados en el Castillo de Bretaña parecen manifestar que también se talló en cuarto de bocel el extremo de los canes que los soportan. Estos mismos modillones pueden verse en las ladroneras de los ángulos del parapeto de la torre del homenaje del Castillo de Aguzaderas, que se viene adscribiendo a mediados del siglo XIV, así como en su puerta de entrada (Mora-Figueroa 1973Mora-Figueroa Dingwall-Williams, L. de1973: “El castillo de las Aguzaderas: provincia de Sevilla”, Asociación Española de Amigos de los Castillos, 78, pp. 25-33.: 26, 28 y 33).
Un caso similar de mayor tamaño se encuentra en la Torre de Barcas que preside el recinto fortificado de Isbarragira, en el alfoz de Priego de Córdoba, con la presencia de ladroneras de esquina y centrales con tres órdenes de canecillos. En este caso sí cuenta con escudos señoriales de la Casa de Aguilar en varios de sus alzados, y tendría que haber sido construida con posterioridad a 1370, cuando Priego fue recuperada para la Corona de Castilla (Sánchez y Molina 1994Sánchez Romero, A. y Molina Delgado, J. H. de. 1994: Torreones y fortificaciones en el sur de Córdoba. CajaSur, Obra Social y Cultural, Córdoba.: 45-48).
También se ha señalado que la torre del homenaje del Castillo de Bretaña podría haber sido construida por la Orden de Calatrava (Serrano et al. 1990Serrano Peña, J. L., Coba González, B. E., Rísquez Cuenca, C. y Montilla Pérez, S. 1990: “Prospección arqueológica superficial en el término municipal de Marmolejo (Jaén)”, en Anuario Arqueológico de Andalucía, 88. III. Actividades de Urgencia. Informes y Memorias, pp. 164-166. Conserjería de Cultura y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, Sevilla.: 165), cuya encomienda tenía sus límites septentrionales con Marmolejo en el arroyo Andújar y en la cañada de la Orden.
Ya en 1245 el concejo de Andújar donó a los calatravos una casa en dicha población y una heredad en el Villar de las Cabezas, junto al camino de Baeza y al río (Menache 1986Menache, S. 1986: “La Orden de Calatrava y el clero andaluz (siglos XIII-X)”, En la España Medieval, 8, pp. 633-653.: 637). A partir del primer tercio del siglo XV, dos importantes maestres de la Orden de Calatrava llegaron a tener posesiones en el territorio del concejo andujareño. Durante la guerra civil que enfrentó a Juan II con los infantes de Aragón, Luis González de Guzmán (1407-1443) apoyó al rey castellano. En agradecimiento, el monarca enajenó en 1432 el señorío de Andújar a su hermano el infante Enrique de Aragón, maestre de la Orden de Santiago (Gómez 2015Gómez Martínez, E. 2015: “Andújar en el siglo XV. Una aproximación”, en F. Toro Ceballos (coord.) y C. Moya García (dir.), Los reinos peninsulares en el siglo XV. De lo vivido a lo narrado. Encuentro de investigadores: Homenaje a Michel García, pp. 119-127. Asociación Cultural enrique Toral y Pilar Soler y Ayuntamiento de Andújar, Andújar.: 122), para otorgárselo al de Calatrava, con la oposición de la población. No lo tuvo durante mucho tiempo, pues en 1434 fue designado para ocuparlo Fadrique de Aragón, IV conde de Luna (1400-1438). En torno a ese periodo, Luis González de Guzmán mandó hacer la elaborada Torre Ochavada o de Boabdil en Porcuna (finalizada en 1435) y el fortificado Molino del Cubo en Torredonjimeno (acabado en 1437), tal y como muestran sus respectivas cartelas fundacionales talladas en piedra (García-Pulido 2003García-Pulido, L. J. 2003: “El sistema defensivo del Molino del Cubo (Torredonjimeno, Jaén). Un molino fortificado por la orden de Calatrava en la frontera con el Reino Nazarí”. Castillos de España, 132, pp. 23-33.: 25-26). Sin embargo, la torre del Castillo de Bretaña no exhibe ningún símbolo que pueda remitir a su poder.
En 1438 se concedió de nuevo el señorío de Andújar al maestrazgo de Calatrava, en la figura de su hijo Juan de Guzmán. A estas cesiones de Juan II a distintos señores se opusieron por las armas los andujareños, que en este último caso llegaron a tomar por asalto parte de la muralla, exigiendo al rey la restitución y conservación de su término municipal a la primitiva condición de realengo. Con la muerte del monarca, en 1446 se donaría Andújar a su hijo Enrique IV, quien le concedió el título de ciudad.
La Orden de Calatrava volvería a disfrutar de derechos en el concejo de Andújar. En 1443, el influyente Pedro Girón de Acuña Pacheco, maestre entre 1445 y 1466 (Rodríguez-Picavea s/a), recibió entre otras prebendas el portazgo de Andújar. Dos años después, tras la batalla de Olmedo y la derrota de la infantería aragonesa, se abrió una nueva lucha política en Castilla por el poder y control del reino entre el condestable Álvaro de Luna y el todavía príncipe Enrique, quien contó con el respaldo de Pedro Girón y su hermano Juan Pacheco. Ambos fueron grandes beneficiados del reparto de las posesiones y dignidades de los infantes de Aragón. Así, en 1446 se le concedió a Pedro Girón “los bienes moros de Jaén, Baeza, Úbeda y Andújar” (derechos de bienes tomados a andalusíes), entre otras muchas prebendas, así como el maestrazgo de Calatrava, y a su hermano el marquesado de Villena.
Durante los años siguientes fueron la mano derecha de Enrique IV. Sin embargo, tras pasar a convertirse Beltrán de la Cueva en el preferido del monarca, desplazando al marqués de Villena, ambos hermanos comenzaron la Liga nobiliaria, desencadenando una nueva guerra civil en 1464, con el derrocamiento simbólico de Enrique I y la proclamación del infante Alonso un año más tarde como rey de Castilla en la “Farsa de Ávila”. Pedro Girón se había hecho con el control de Andalucía a finales de 1465, contando con el apoyo de importantes ciudades, aunque no de Andújar ni Jaén, defendida la causa realista en la primera por su alcaide Pedro de Escavias y en la segunda por el condestable de Castilla, Miguel Lucas de Iranzo.
Sí se había apoderado de Villanueva, desde donde envió cartas a Andújar pidiendo a su alcaide que se declarara a favor del infante Alfonso. Pero la ciudad se mantuvo fiel a Enrique IV, por lo que le concedió en 1467 el título de “Muy Noble y Muy Leal”. En este episodio se enmarca la incursión relatada en los Hechos del Condestable Miguel Lucas de Iranzo que realizaron el jueves 19 de septiembre 1466 las tropas de Pedro de Escavias en las aceñas de Casas Nuevas, situadas entre los castillos de Bretaña y la Aragonesa. Dichos molinos fluviales estaban bajo la órbita de partido alfonsí por el que batallaban el maestre de Calatrava y el marqués de Villena, pero no el castillo de Marmolejo, controlado por el alcaide de Andújar (Mata 1940Mata Carriazo, J. de (ed.) 1940: Hechos del Condestable Don Miguel Lucas de Iranzo: crónica del siglo XV. Espasa Calpe, Madrid.: 323-324). Aunque no se mencionó directamente la fortaleza de la Aragonesa, se describió que “conbatieron vna torre de las dichas aceñas, en que estauan fasta veynte onbres, lançeros y vallesteros y espingarderos por mandado del dicho marqués, a fin de tener aquellas açeñas seguras para su prouision y mantenimiento”. Cabría preguntarse si dicha torre sería una estructura defensiva propia de estos molinos o si podría estar haciendo alusión a la “Fortaleza y Torre de la (…) Aragonesa”, a la que se le asociaban las “Aceñas [de Casas Nuevas], y Batán, y de la Dehesa de San Julián, y tierras que confinan con ella”.9
Unos años antes, con motivo de las cláusulas del testamento de Rodrigo Mesía, otorgado el 4 de julio de 1463 en Córdoba,10
Sin embargo, no hay ningún pasaje en los Hechos del Condestable sobre el Castillo de Bretaña. Tampoco hay referencia alguna los libros de las Dehesas de Jaén (Quesada 1994Quesada Quesada, T. 1994: El paisaje rural de la Campiña de Jaén en la Baja Edad Media según los libros de las Dehesas. Colección Martínez de Mazas. Serie Estudios. Universidad de Jaén, Servicio de Publicaciones, Jaén.) o en el Libro de la Montería de Alfonso XI (Valverde 2009Valverde Gómez, J. A.2009: Anotaciones al Libro de la montería del rey Alfonso XI. Acta Salmanticensia, Biblioteca de las Ciencias, 82. Universidad de Salamanca, Salamanca.). Si estaba bajo el poder del maestre de Calatrava y del marqués de Villena, habría quedado enfrentado con el Castillo de Villa del Río (Sánchez y Pinilla, 2020Sánchez García, C. y Pinilla Castro, F. 2020: El Castillo de Villa del Río. Un noble edificio cargado de historia. Ayuntamiento de Villa del Río y Diputación de Córdoba-Ediciones y Publicaciones, Córdoba.), pues durante esta guerra civil su señor habría estado del lado del bando realista.
4.4. Cuarta fase
⌅Las construcciones que se adosaron a los muros de este recinto fortificado lo habrían hecho con posterioridad al “paño de pintura” del siglo XVIII, donde no aparecen representados, observándose la torre del homenaje con una escalera de madera para subir al hueco de acceso, pero sin un muro en su lado septentrional (Fig. 6).
El caserío [1E006] que aprovechó el paramento noreste del recinto amurallado para apoyarse en él [4W001] podría haber sido edificado en el siglo XIX o incluso en el XX (Fig. 15).
La técnica constructiva de los hastiales situados al sur y norte concuerda con la del muro de cierre del recinto ubicado al noroeste, realizado en tapial mucho más terroso, con verdugadas constituidas por una hilada de ladrillo de dimensiones 32 × 16 × 4,5 cm, dispuesto indistintamente a soga y tizón. En las esquinas presenta muros encadenados con los cajones de tierra, realizados con sillares reutilizados y mampuestos, enripiados mayoritariamente con fragmentos de ladrillo, y, en menor proporción con lajas pétreas y trozos de tejas (unidades estratigráficas [1N004], [1N005], [1W009] y [1W010]). También son de acarreo los grandes sillares sin trabar situados en la cimentación del más meridional de los hastiales [1S017]. Al haber perdido su revestimiento, las tongadas de tierra son bien visibles, presentando una altura de entre 8 y 10 cm. Por encima de la rasante actual del terreno se observan 4 cajas, las tres primeras tienen una altura entre 0,80 y 0,82 cm, mientras que la superior aumenta considerablemente hasta los 1,20 m.
Este muro (unidades estratigráficas [1W008], [1W010], [1N003], [1N004] y [1N005]) se adosa sin encastre a la torre del homenaje [WE007] y al torreón circular [1N001] de la esquina oriental, lo que corrobora su posterioridad al momento constructivo de ambas. En este último contacto, se tuvo que encajar una franja de trozos de ladrillo a soga [1N009], una vez que el acabado del muro se deterioró en la junta. Habría carecido inicialmente de vanos, mientras que hoy se observan dos huecos abiertos a modo de puerta [1N008] y una ventana cegada con ladrillos [1N010]. En la torre del homenaje no se establecieron adarajas para encadenarse con dicho muro, por lo que este se adosó a las estructuras existentes, tal y como manifiestan los mampuestos conservados por encima de la última puerta abierta [1W010]. En ella se estableció un dintel realizado con una vigueta de hormigón pretensado [1W015], en la que se dispuso una pletina metálica para deslizar los rodamientos de una puerta metálica corredera, hoy desaparecida [1W018].
El adosamiento de este muro a la torre cilíndrica situado en la esquina este del recinto se produce de manera casi tangente, por medio de una pilastra con encadenados de mampostería machihembrados con las cajas de tapial. Para sellar mejor el ajuste entre ambas fábricas, se introdujo una hilera vertical de fragmentos de ladrillo tomados con cal [1N009]. Este muro es mucho más endeble que sus homólogos de época andalusí. Además, tiene la mitad de espesor, por lo que no contó con un adarve en su coronación, aunque sí fue protegido con tejas curvas que conformaron un tejaroz a un agua hacia el exterior.
El resto de materiales y técnicas constructivas de este caserío son más propias de la segunda mitad del siglo XX. La nave adosada al muro noreste fue compartimentada con tabiques de ladrillo de hueco sencillo (unidades estratigráficas [4W013], [4W014], [4W015] y [4W016]) y se cubrió en el último momento de uso con cerchas metálicas [4W019] que sostenían un tejado de placas onduladas de fibrocemento [1E008]. En el exterior, a la derecha de la puerta de entrada, tuvo una cartela de azulejos con el nombre del cortijo, que ha desaparecido parcialmente. En el patio interior también se edificaron otras dependencias para funciones diversas, que hoy se encuentran arruinadas o desmontadas. Incluso se compartimentó en dos el patio por medio de un tabique de ladrillo de hueco doble, que fue enlucido con cemento portland. Para darle acceso desde el exterior, se abrió inicialmente una puerta en el muro noroeste y otra más reciente en el suroeste.
Es muy probable que antes de la construcción de este caserío ya se hubiese eliminado la torre-puerta originaria del castillo [4W004]. Tanto el croquis de Ximena Jurado (Fig. 2.3) como el dibujo que se plasmó en el “paño de pintura” (Fig. 6), no representan dicha estructura de defensa de la entrada, por lo que ya en el siglo XVII habría desaparecido. Para poder obtener más información sobre este elemento es necesario acometer una intervención arqueológica en el interior de la nave del cortijo, junto a la puerta de comunicación con el patio, con objeto de determinar si subsisten restos de la cimentación de dicho elemento.
5. CONCLUSIONES
⌅Ximena Jurado dibujó con forma cuadrangular los castillos jiennenses de Bretaña, Marmolejo, Aldehuela (Andújar), Cotrufes (Arjona), Fuente del Rey, Mengíbar, Tobaruela y Linares (García-Pulido 2023García-Pulido, L. J. 2023: “Andalusi Defensive Architecture through Martín de Ximena Jurado’s Drawings (Mid-17th Century)”. Arts 2023, 12 (5), 205. 10.3390/arts12050205). Estos recintos medievales paralelepípedos tendrían un precedente en los campamentos militares de época romana (castra) que dieron lugar a recintos fortificados permanentes construidos con materiales más duraderos (castella murata). Presentaban torres de flanqueo en los ángulos y en ocasiones otras más dividiendo los lados más largos (Eslava 1985Eslava Galán, J. 1985: “El fuerte cuadrado en España”, Revista de Arqueología, 55, pp. 46-51.: 46-47). Los más antiguos con carácter semipermanente ya se edificaron en Hispania en época republicana, como fue el caso del castellum del Cerro del Trigo, al este de Puebla de Don Fadrique (Granada), dispuesto como un rectángulo de unos 100 × 40 m adaptado a la topografía (Diosono 2005Diosono, F. 2005: “El castelum romano del Cerro del Trigo (Puebla de Don Fadrique, Granada) y el control del territorio en la época republicana”, Archivo Español de Arqueología, 78 (191-192), pp. 97-117. 10.3989/aespa.2025.v78.76).
Comenzaron a adoptar una forma más regularizada a partir del siglo I d. C. y, durante el último periodo del imperio romano, se levantaron pequeños fuertes cuadrados (quadriburgia) en zonas amenazadas por la inestabilidad fronteriza, con cuatro torres en las esquinas. Un caso singular en suelo hispano lo constituye el castellum de Santillán o Fortín del Capiruzón, en Mollina (Málaga), ubicado en el cruce de caminos que unía a Anticaria, Urgapa y Singilia Barba. Sus lados miden 24,50 m, con espesores de más de 2 m y cuatro torreones de esquina de 4,60 × 4,50 m que flanquean 2,80 m hacia el exterior, albergando un espacio interior de unos 678 m2 que contaba con silos para cereales y depósitos de agua (Fig. 16.3). Se encuentra situado sobre una villa rústica de los siglos I y II d. C. que fue arrasada. Podría haber sido fortificado para hacer frente a las incursiones de las tribus procedentes de Mauritania Tingitana que asolaron la provincia de la Baetica al final del siglo II d. C. Posiblemente fue reutilizado en época andalusí, siendo destruido tras la conquista castellana (Limón 2024Limón Andamoyo, M.2024: “Aljibes del Castellum de Santillán (Mollina, Málaga)”, en Conoce tus fuentes. Instituto Universitario de Investigación del Agua de la UGR, [en línea] https://www.conocetusfuentes.com/datos_elemento_1285.html [consultado el 16/07/2024].).
Estos modelos fueron igualmente desarrollados en los límites del imperio romano de Oriente. Un ejemplo lo constituye la fortaleza bizantina de Thamugadi en Timgad (Argelia), levantada entre 539-540 y definida por un rectángulo de 120 × 80 m (Lassus 1981Lassus, J. 1981: La forteresse byzantine a Thamugadi. Fouilles à Timgad 1938-1956. Études d’Antiquités africaines. Éditions du CNRS, Paris.: 13).
También se construyeron recintos geométricos durante el imperio sasánida, como el complejo palatino y religioso fortificado conocido como Qaṣr-e-Shirin (Irán), mandado edificar por Cosroes II (r. 590-628) (Hozhabri 2019Hozhabri, A. 2019: “Proposing a Function for Char-Ghapi, Qasr-e-Shirin, Iran: Historical and Archaeological Evaluation”. Iran Heritage, 1 (1), pp. 66-81.: 66-81).
Durante el califato omeya de Damasco proliferaron estas fortificaciones cuadrangulares, en algunas ocasiones reaprovechando estructuras castrales de época romana o bizantina (Soler y Zozaya 1989Soler del Campo, Á y Zozaya Stabel-Hansen, J. 1989: “Castillos Omeyas de planta cuadrada: su relación funcional”, en Actas del III Congreso de arqueología medieval española, pp. 265-274. Oviedo.: 265). Fueron convertidos no solamente en recintos militares, sino también en caravasares, en lugares de encuentro de las tribus cercanas, en centros agrícolas vinculados a oasis y/o a residencias regias. Entre ellos son notables algunos casos desarrollados en la primera mitad del siglo VIII como los de Qaṣr Burqu’ (Jordania, 34 × 30 m, ca. 700), Qaṣr Says (Siria, 67 × 67 m, 707-715), Qaṣr al-Minya (Israel, 66 × 73 m, 705-715), Qaṣr al-Haranah (Jordania, 35 × 35, ca. 710), Qaṣr al-Hayr al-Gharbi (Siria, 70 × 70 m, 727), Qaṣr al-Hayr al-Sharqi (Siria, 70 × 70 m, 728-729), Qaṣr al-Tuba (Jordania, 140 × 72 m, 743-744), Qaṣr Hisham (Palestina, 70 × 70 m, 743-744), Qaṣr al-Qastal (Jordania, 68 × 68 m, ca. 734-744), Qaṣr al-M‘shatta (Jordania, 144 × 144 m, 743-744). En la zona de influencia del imperio sasánida se pueden señalar Dār al-‘Imara en Kufa (Irak) (170 × 170 m, 670) o el palacio fortaleza abasí de Ujaidir (176 × 146 m, 775), ambos en Irak. Este esquema se extendió también al Magreb con ejemplos como El Ribat de Susa en Túnez (38 × 38 m, ca. 775) u otros que llegaron a alcanzar la costa atlántica del norte de África, como el campamento militar fortificado en el siglo XII en Rabat por los almorávides y convertido en el ribāṭ de Mahdiya por los almohades. Quedó integrado en el recinto de Ribāṭ al-Fatḥ (Almagro s/a: plano n.º inv. A721_01), que actuó como base de operaciones para la conquista de al-Ándalus. A unos 23 km al sur de esta población, junto al Oued Yquem hay que destacar la localización de un recinto fortificado cuadrado de 73 m de lado con puerta protegida por una barbacana y acceso desenfilado. Podría haber coincidido con el puesto avanzado de Ad Mercurios señalado en el Itinerario de Antonino cerca de la colonia de Sala, siendo fortificado también en época almohade (Thouvenot 1932Thouvenot, R. 1932: “Une forteresse musulmane sur l’Oued Yquem”, Hespéris Archives berbères et bulletin de l’Institut des Hautes-Études Marocaines, XV(1), pp. 127-135.).
En al-Ándalus estos recintos defensivos cuadrangulares ya fueron erigidos desde época califal omeya por influencia de estas construcciones previas. Entre ellos cabría destacar varios alcázares o ḥuṣūn tales como los de Mérida, Toledo, Guadalerzas (Toledo), Balaguer (Lleida), Reliquias (Portugal), Trujillo (Cáceres), Bobastro (Málaga, convertida en fortaleza definitiva tras ser conquistada en 928) o Tarifa (Cádiz) (Eslava 1985Eslava Galán, J. 1985: “El fuerte cuadrado en España”, Revista de Arqueología, 55, pp. 46-51.: 47-48; Soler y Zozaya 1989Soler del Campo, Á y Zozaya Stabel-Hansen, J. 1989: “Castillos Omeyas de planta cuadrada: su relación funcional”, en Actas del III Congreso de arqueología medieval española, pp. 265-274. Oviedo.: 265).
A partir de la segunda mitad del siglo XIII el imperio almohade desarrolló un ambicioso plan estatal de fortificación de al-Ándalus, con el empleo sistemático de la técnica constructiva del tapial junto a una serie de recursos formales y constructivos que han sido caracterizados en las últimas décadas (Márquez y Gurriarán 2008Márquez Bueno, S. y Gurriarán Daza, P. 2008: “Recursos formales y constructivos en la arquitectura militar almohade de al-Andalus”. Arqueología de la Arquitectura, 5, pp. 115-134. 10.3989/arq.arqt.2008.92). No solo se ciñeron a la reconstrucción y mejora de las maltrechas defensas de las medinas, alcazabas y alcázares, sino que levantaron nuevos recintos trazados con regularidad geométrica para acantonar tropas junto a las principales vías de circulación y para proteger al poblamiento rural disperso por medio de ḥuṣūn y torres de alquerías (Jiménez 1995Jiménez Martín, A. 1995: “Al-Andalus en época almohade”, en R. J. López Guzman (coord..), La arquitectura del Islam occidental, pp. 165-180. Lunwerg, Barcelona.: 174-177). Desde la construcción en 1160 de la desaparecida “Madinat al-Fath” en Gibraltar, que constituyó la primera base militar de las tropas almohades en la península Ibérica, la información arqueológica y la caracterización de estas fábricas han permitido documentar y adscribir a esta época muchas refacciones de murallas, castillos o torres aisladas de las que no existía referencia alguna en las fuentes árabes o se desconocía su origen (Azuar y Ferreira 2014Azuar Ruiz, R. y Ferreira Fernandes, I. C. 2014: “La fortificación del califato almohade”, en P. Cressier y V. Salvatierra Cuenca (coords.), Las Navas de Tolosa 1212-2012: miradas cruzadas, pp. 395-420. Universidad de Jaén, Jaén.).
Los almohades habían cruzado el estrecho de Gibraltar en 1145 tras haber conquistado otros territorios almorávides en el Magreb, y acabaron dominando el valle del Guadalquivir en las décadas siguientes. Para ello tuvieron que hacer frente a la resistencia ofrecida por la taifa de Ibn Mardanis entre 1147 y 1172, que, pese a su avance en este valle hasta 1165, acabó siendo vencido, absorbiendo sus territorios. Tras ello comenzaron a realizar campañas contra los reinos cristianos, que culminaron con la victoria en la batalla de Alarcos (1195), eliminando los puestos avanzados castellanos en La Mancha. Estas décadas de conflicto llevaron a la refortificación de las plazas militares más importantes y a la construcción de defensas en muchos de los asentamientos situados en el alto Guadalquivir, que siempre ha constituido una importante vía natural de circulación y una ruta de penetración en otras zonas de conflicto. El segundo califa almohade, Abū Ya‘qūb Yūsuf (r. 1163-1184), y especialmente su sucesor, Abū Yūsuf Ya‘qūb al-Manṣūr (r. 1184-1199), llevaron a cabo una política de edificación o reconstrucción de fortalezas en este territorio, coincidiendo con el periodo de máximo esplendor de este imperio en la península Ibérica (Azuar y Ferreira 2014Azuar Ruiz, R. y Ferreira Fernandes, I. C. 2014: “La fortificación del califato almohade”, en P. Cressier y V. Salvatierra Cuenca (coords.), Las Navas de Tolosa 1212-2012: miradas cruzadas, pp. 395-420. Universidad de Jaén, Jaén.: 410).
De época almohade destacan castillos rectangulares construidos con torres de flanqueo como el referido de El Vacar en Espiel o el de Triana (1171), que aseguraba las comunicaciones de Sevilla con el Aljarafe (Tabales y Alba 2010Tabales Rodríguez, M. Á. y Alba Romero, M. (2010). “Castillo de San Jorge”, en Guía del Paisaje Histórico Urbano de Sevilla. Estudio temático 04. La ciudad sumergida: Arqueología y paisaje histórico urbano de la ciudad de Sevilla. Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, Junta de Andalucía, Sevilla.: 42). El Castillo de Bretaña también muestra alguna analogía con los siguientes casos (Fig. 16):
- ‒ El cercano Castillo de Tobaruela (Linares, Jaén), que presenta una planta trapezoidal tendente al cuadrado, encerrando una superficie de unos 496 m2. Podría haber contado con al menos tres torres en las esquinas, posiblemente cuatro (Fig. 16.6). Habría sido reconstruido a finales del siglo XV en estilo gótico tardío como una fortaleza residencial vinculada al señorío de Jódar (Cooper 1991Cooper, A. E. W. 1991: Castillos Señoriales en la Corona de Castilla. Junta de Castilla y León, Consejería de Cultura y Turismo, Salamanca.: v. I.2, 703-705; Eslava 1999Eslava Galán, J. 1999: Los castillos de Jaén. Universidad de Jaén y Papiro (Ediciones Osuna), Armilla.: 265). Su traza se habría adaptado a la de un recinto fortificado previo, del que se observan visibles tapias muy compactas de hormigón de cal en los frentes exteriores. En ellas se aprecian las improntas de tres tableros por cajón, con un promedio de 0,76 m de alto (entre 0,70 y 0,80 m) y en torno a los 2,00 m de largo. Las agujas se sitúan entre 0,65 y 0,70 m de separación, normalmente 4 por cada caja, aparentando tener forma cuadrada con unos 10 × 10 cm. Además, conserva una torre cuadrangular de grandes dimensiones en la esquina sureste, que también tiene englobados cajones de tapia, aunque más deteriorados superficialmente.
- ‒ El Castillo de Cardete en Benatae (Jaén), cuyo recinto amurallado forma un trapezoide que habría alojado unos 320 m2 en su interior (Fig. 16.10). La fábrica de todo el conjunto es de tapial de calicanto del siglo XII, con el interior de tierra y el exterior ejecutado con capas de piedras pequeñas. Cuenta con una única torre de hasta 13 m de altura en el centro del frente noroeste, a la que se le adosan los lienzos murarios con un grosor medio de 0,95 m. La altura de las tapias está en torno a algo más de 0,81 m de promedio. Presenta fajas de cal para representar falsa sillería con dibujos geométricos angulares (Quesada-García et al.2017Quesada-García, S., García-Pulido, L. J., Rodríguez Segura, A. y Romero Vergara, G. 2017: “Torre y recinto musulmán en Benatae (Sierra de Segura, Jaén) s. XII. Documentación, levantamiento, análisis gráfico y territorial”, en M. Palma Crespo, M.ª L. Gutiérrez Carrillo y R. García Quesada (eds.), Sobre una arquitectura hecha de tiempo, Volumen 1, Metodología, Técnica y Conservación. V Congreso Internacional sobre documentación, conservación y reutilización del patrimonio arquitectónico y paisajístico, ReUSO, pp. 265-268. Editorial de la Universidad de Granada, Granada.; Quesada-García 2019Quesada-García, S. 2019: El sistema de torres musulmanas de la Sierra de Segura. Una contribución al paisaje y patrimonio rural de al-Andalus. HAC University Books.). Entre este tipo de recintos defensivos rurales también serían destacables algunas de las torres de las alquerías valencianas construidas en tapial (Rodríguez-Navarro 2018Rodríguez-Navarro, P. 2018: Las torres árabes de las alquerías valencianas. Ed. Tirant Humanidades, Valencia.). Se podría señalar el caso de la Alédua en Llombay, posiblemente de finales del s. XII, en la que se ha conservado un perímetro amurallado rectangular alrededor de la torre.
- ‒ El Castillo de la Atalaya de Villena (Alicante), cuyo recinto superior ocupa unos 890 m2, presentando actualmente tres torreones circulares en las esquinas noroeste, noreste y sureste (Fig. 16.11). La imponente torre del homenaje ocupa una posición que recuerda a la del Castillo de Bretaña, aunque en este caso se dispuso en el ángulo suroeste y no quedó desenfilada respecto a la muralla. Su parte inferior de unos 18 m de altura es obra almohade de finales del siglo XII o principios del XIII. Los muros están levantados con tapia de hormigón de cal de gran espesor, superior a los 3 m, con hiladas de cajones de unos 0,85 m de altura. En los lados oeste y sur se ven restos de las juntas fingidas simulando un aparejo a soga. La parte superior de la torre fue promovida en el siglo XV por el marqués de Villena, Juan Fernández Pacheco, alcanzando una altura total de algo más de 30 m. Está edificada con mampostería y sillería labrada en las esquinas, jambas y ménsulas de los voladizos (Almagro et al. 2014Almagro Gorbea, A., Soler Estrela, A. y Soler Verdú, R. 2014: “La torre almohade de Villena (Bilyana) y sus bóvedas de nervios entrecruzados. Análisis formal y constructivo”, Anales de Historia del Arte, 24, pp. 9-35. 10.5209/rev_anha.2014.v24.47176; Almagro s/a: planos n.º inv. 314_03 y 314_04).
- ‒ Aznalcázar (Ḥiṣn al-Qaṣr) en El Coronil, denominada así en el Repartimiento de Sevilla, antes de que el Cabildo de esta ciudad acometiese obras entre 1348 y 1355, pasando a ser referida como Castillo de las Aguzaderas (Fig. 16.5). En este momento se habría erigido en piedra la torre mayor y la albacara principal, albergando un espacio cuadrangular de unos 1006 m2, con los cuatro torreones de flanqueo angulares y la albarrana para defender el manantial del que tomó el nombre (Mora-Figueroa 1973Mora-Figueroa Dingwall-Williams, L. de1973: “El castillo de las Aguzaderas: provincia de Sevilla”, Asociación Española de Amigos de los Castillos, 78, pp. 25-33.). Otras modificaciones fueron realizadas en los siglos XV y XVI, cuando se desarrolló otro recinto en el ángulo noreste, englobando a dicha torre albarrana.
- ‒ El Castillo del Barrio en Lanteira (Granada) (Fig. 16.7). Consta de un pequeño recinto fortificado con planta rectangular de 33,10 × 19,00 m que encierra una superficie de unos 493 m2. Habría contado con cuatro torreones cuadrados de 4 m de lado en las esquinas. Tendría otra torre en la mitad del lado sureste, de 6,15 × 4,75 m que podría haber funcionado como puerta (Martín et al. 1999Martín García, M., Bleda Portero, J. y Martín Civantos, J. M. 1999: Inventario de arquitectura militar de la provincia de Granada: siglos VIII al XVIII. Diputación de Granada, Granada.: 286-287). Las cajas de tapial calicostrado de calicanto tienen 0,70 m de alto y 0,43 de ancho, con tongadas irregulares de entre 7 y 8 cm. Se le asigna una cronología almohade por la cerámica más antigua localizada y la técnica constructiva de este tapial, que también ha sido referida en el cercano castillo de Jérez del Marquesado en el siglo XII. Se ha planteado la posibilidad de que pudiese haber sido concebido como un ribāṭ, tal vez vinculado con las repetidas visitas a esta zona del asceta Abū Marwān al-Yuḥānisī. Aún a comienzos del siglo XVI existían varios barrios alrededor de esta posible rábita fortificada (Xarafi, Benizahala y Benahaque), que podría haber constituido un polo de atracción (Martín 2007Martín Civantos, J. M. 2007: Poblamiento y territorio medieval en el Zenete (Granada). Editorial de la Universidad de Granada, Granada.: 73-77).
- ‒ En este sentido habría que referir también al Castillo de la Rábita (Granada), situado junto al pequeño puerto que existió en la bahía hoy colmatada por los sedimentos de la rambla de Albuñol. Habría funcionado como un ribāṭ, contando con un recinto que albergaría un espacio interior de unos 221 m2. Fue muy transformado en épocas posteriores, primero tras la conquista de los Reyes Católicos, adquiriendo su conformación actual hacia 1725, cuando se le añadió un hornabeque y se adaptó a la artillería (Fig. 16.8).
- ‒ Otro caso singular sería el Fuerte de El Villar o de la Balsa Vieja de Olías (Oria, Almería). Alberga una superficie de 385 m2y tiene una llamativa planta heptagonal irregular (Fig. 16.9). Si se considera la ligera desviación que presentan los lados situados a ambos lados de la puerta, que no están perfectamente alineados, su planta sería octogonal, más compleja que la forma cuadrangular que se le ha venido asignando (Castellón 2017Castellón Sánchez del Pino, A. 2017: Castillos y Atalayas del Almanzora. Instituto de Estudios Almerienses, Almería.: 223-227). Su disposición recuerda a la del ribāṭ de Suhayl (Fuengirola), mucho más grande, con una superficie interior de unos 3000 m2, reforzado con siete torres y una puerta de acceso en recodo en la esquina noreste (Calero y Martínez 2004Calero Secall, M.ª I. y Martínez Enamorado, V. 2004: “Rábitas y zubias malagueñas”, en: F. Franco Sánchez (ed.) y M. de Epalza (dir. cient.), La rábita en el islam. Estudios interdisciplinares, pp. 237-254. Ajuntament de Sant Carles de la Ràpita y Universitat d’Alacant, Sant Carles de la Ràpita.: 243-245 y 251). Presenta dos torres de 4 × 4 m que flanquean la puerta, adosadas a los laterales del frente oriental. Pudo ser destinado a albergar tropas de forma temporal, pues tiene control visual sobre la alquería situada en El Villar y la fortaleza de Olías, pero también podría haber sido concebido como un ribāṭ. Quedan restos de las murallas con un zócalo de mampostería que se ajusta al relieve del terreno, sobre el que apenas se ha conservado un cajón de tapia de hormigón de cal de casi 1 m de ancho. Es posible que el recinto no llegase a completarse, pues el alzado conservado es muy reducido y bastante homogéneo. Además, su interior no fue terraplenado, sino que la cresta rocosa del cerro apenas está entallada, si bien junto al perímetro murario hay rellenos que pueden ocultar restos de la ocupación que pudo haber tenido.
La vinculación de estos recintos defensivos con las rábitas fortificadas queda patente en el morabito almohade de Dchîra cerca de Rabat, que albergaría unos 32150 m2 y una mezquita en el centro. Está constituido por un gran rectángulo casi regular reforzado por 16 torres y tiene acceso por una puerta en recodo simple. Junto a otros muchos más, como o el ribāṭ de Salé, de Bou-Regreg y de Tit (Basset y Terrasse 1927Basset, H. y Terrasse, H. 1927: “Sanctuaires et forteresses almohades”, Hespéris. Archives berbères et bulletin de l’Institut des Hautes-Études Marocaines, VII, pp. 117-287.: 126 y 138), habrían servido para acantonar tropas a mediados del siglo XII antes de ser enviadas a combatir en al-Ándalus (Thouvenot 1933Thouvenot, R. 1933: “Une forteresse almohade près de Rabat : Dchîra”, Hespéris Archives berbères et bulletin de l’Institut des Hautes-Études Marocaines, XVII (1), pp. 59-88.: 87).
Estas rábitas fueron desarrolladas en el Magreb poco después de la expansión del islam, como es el caso de El Ribat de Susa (Túnez), construido por el gobernador abasí Yazīd ibn Hātim al-Muhāllabi hacia 775 sobre una estructura bizantina que tenía planta simétrica, para ser demolido y rehecho en 821, cuando se configuró con siete torres, incluyendo una más prominente para la guardia en el lado sureste y una torre-puerta en el centro de la muralla meridional. Pudo albergar una guarnición de medio centenar de defensores de la fe en un espacio interior de unos 1300 m2. Sirvió de modelo para el también ribāṭ de Monastir (Túnez), construido en 796 por el general abasí y gobernador de Ifriquía, Harthimā ibn A‘yūn (Bergaoui, 1997Bergaoui, M. 1997: Monastir. Fragments d’histoire. Túnez.). Con las sucesivas ampliaciones que tuvo hasta el primer cuarto del siglo XV llegó a alcanzar 4200 m2, añadiéndole numerosos contrafuertes, torres y baluartes durante los siglos XVII y XVIII. También sirvió de inspiración para las medersas norteafricanas (Jalloul 1999Jalloul, J. 1999: Les fortifications maritimies de l’Ifriqiya médiévale. Centre d’études et de recherches économiques et sociales, Túnez.: 174).
Todos estos modelos constituyen recintos cuadrangulares con torreones en las esquinas, y, en los casos de mayor tamaño y sofisticación, con otras torres más de flanqueo o incluso proyectadas desde sus lienzos. También hay ejemplos en los que estas se limitaron a puntos muy concretos o se estableció una única torre principal, ya fuese en los lienzos de muralla o en el interior del recinto.
Estos ejemplos habrían tenido una fase medieval islámica, en algunas ocasiones refortificada en épocas posteriores, adaptada poliorcética y formalmente a nuevas concepciones militares. Constituyen casos que presentan alguna concomitancia con estos castillos del valle del Guadalquivir en torno a Marmolejo, en especial con el de Bretaña. La conquista castellana de esta zona tres décadas después de la derrota almohade en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), propició grandes modificaciones en estas fortalezas tanto a nivel tipológico y constructivo como estético y simbólico. El cercano establecimiento de la frontera entre Castilla y el reino Nazarí de Granada entre 1246 y 1491 y las importantes guerras civiles que tuvieron lugar entre el poder real y la nobleza castellana a lo largo de los siglos XIV y XV prolongó la necesidad de defensa de esas fortificaciones. La preservación del Castillo de Bretaña permite entender las fases edilicias más significativas llevadas a cabo en un ejemplo de estos recintos defensivos desde su construcción en época andalusí (Fig. 17).